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Dota DEATHMATCH, o la posibilidad de establecer relaciones sociales sobre un interés en común

Yonlay Cabrera Quindemil

Nosotros somos unos mirones fuera de lugar, pues la acción no va dirigida a nosotros. De hecho no tendría sentido entenderla como arte, si no fuese por el amplio espectro inclusivo del arte contemporáneo. El artista es en este caso un gestor, cuya función es proporcionarle un espacio para que los beneficiarios desarrollen su deseo; ellos en cambio, son la materia prima para un ejercicio de inserción social en nombre del arte.

Pero a diferencia de gran parte de esta práctica, donde se instiga, cuestiona o denuncia una contingencia social determinada, este trabajo pretende incluirse dentro de la dinámica y hacer visible la rica diversidad de un suceso cultural poco atendido en el contexto cubano. A cierto curador francés le gustaría referirse a este proyecto en su capacidad rizomática de establecer relaciones. Aunque es un experimento que mantiene la «distancia correcta», requiere de todo un despliegue organizativo que excede la concepción de obra de arte, y se inmiscuye en el concepto de evento. En este sentido, la producción artística reciente de Nestor Siré, ha demostrado ser muy eficiente y efectiva.

Organizar un torneo de Dota[1] con las mismas características de desarrollo que sus espacios primarios de distribución, tiene en alguna medida una relación directa  con el ready-made, en una versión social y humana. En lugar de incluir el objeto, bajo la égida del «principio de selección», el artista apuesta por recrear un hecho sin modificarlo drásticamente, tal y como se desarrolla normalmente fuera del contexto galerístico del sistema institucional del arte. 

Desde que supe de la idea en un estado primario de desarrollo me pareció un gesto de alta manipulación por parte del artista; pero en realidad, los jugadores sortearon la situación y como en otras obras de Siré los beneficiarios la hicieron suya y generaron algo completamente autónomo.

Quizás por un problema de gusto personal, me parece muy seductora la imagen de toda esa tecnología dispuesta en Galería Villa Manuela, algo que solo puede ser posible en Cuba cuando se establece un acuerdo tácito entre un grupo de jóvenes que siguen un interés común. El hecho de incluirse en una muestra colectiva (Star Game, abril de 2015) en ese mismo recinto, fue un buen pretexto para que Siré realizase a cabalidad la acción unos días antes del montaje, y después presentara como parte del conjunto, todo el material generado.  

Dota DEATHMATCH demostró que siguiendo intereses comunes, se puede lograr que un grupo de jóvenes cubanos se unan y creen protocolos de intercambio social no institucionalizados. Ello, en mi opinión, es uno de los resultados más interesantes del experimento, pues ese mismo sistema de autoorganización en función un sentir colectivo, es algo que pide a gritos la realidad cubana contemporánea.  

 

 

[1] Dota es un mapa personalizado del videojuego Warcraft III: The frozen Throne; es uno de videojuegos de rol más populares del mundo y cuenta con una creciente inclusión en el espacio cubano.