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FLORA FLONG: EL PINCEL Y EL VERSO.

Por: Luis Álvarez, Premio Nacional de Literatura.

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En la historia del planeta, una serie de mares se convirtieron en focos de cultura. Así en el mar Mediterráneo se gestaron diversas civilizaciones, como también ocurrió en el Báltico y en el mar Amarillo. En el presente, el mar Caribe se convierte en zona de confluencias culturales, de modo que aquí desembocan las más diversas herencias: amerindios, europeos, africanos y asiáticos traen su impronta a estas tierras. Flora Fong construye esta exposición desde una perspectiva de transculturaciones, de modo que El Caribe Ming se nos presenta como un diálogo implícito entre signos y modos de expresión.

La artista percibe con su finura habitual el maravilloso contrapunteo que permite ver los signos de la escritura china como entidades de una plasticidad infinita. No se olvide que Ming es un vocablo que no solo designa a una famosa dinastía china, sino que también es el término para nombrar la vida y el destino. Siendo el Caribe un ámbito multicultural, no podía faltar la impronta de la cultura china, pero asumida desde la realidad intensa del Mar de las Antillas. Flora ha logrado con particular maestría establecer una conversación amorosa entre la antigua poesía china y su personalísima manera de captar la luz y el cromatismo caribeños. El resultado es esta exposición, donde el trazo pictórico alude al dinamismo de nuestra cultura, pero al mismo tiempo concuerda con la exquisita remembranza de sensaciones que, siempre, es la nota fundamental del verso chino. Con fino humorismo Flora convoca tales signos culturales hacia nuestro presente, de modo que retomemos esas raíces que, a veces, la TV nos difumina y hace olvidar. Así se produce un juego de espejos, donde ya no sabemos si el verso se ha hecho trazo pictórico o a la inversa.

El resultado es una reveladora imagen del Caribe, convertido en cámara de ecos culturales diversos. Y es cierto que la pintora ha fundido pintura y caligrama: el refinamiento del trazo y la delicadeza con que se interrelacionan los colores nos descubren ángulos imprevistos de nuestra propia realidad. Flora nos devuelve un tiempo que ya no es lineal, sino un conjunto de eras, de estaciones y momentos que se esparcen por el espacio peculiar de sus lienzos, convertidos en una fusión maravillosa de climas y de orientes. Esta exposición brevísima, además, la artista proyecta una fuerza y una lucidez renovadas: al expresar el sello esencial de sus visiones sobre la transculturación, también se autorretrata, ensimismada y sagaz, enamorada siempre de sus múltiples raíces.