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La fotografía y los líderes de la Revolución (1959-1980)

Gabriela Hernández Brito

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El triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959 y las consecuentes acciones de la naciente Revolución, atrajeron la atención de estudiosos, artistas, intelectuales y del pueblo tanto en Cuba como en el resto del mundo. El arte y sobre todo la fotografía en nuestro país, se interesaron por este novedoso, inusual y dinámico fenómeno del que eran testigos. La fotografía se erigió como el medio por excelencia para captar la nueva realidad y reflejar los cambios constantes que se producían. El fotógrafo se convirtió en una especie de reportero de los acontecimientos diarios, cuyo protagonismo pertenecía al sujeto épico o popular, o sea, tanto a las figuras líderes como a la gran masa obrera y campesina. Por ende, la fotografía fue un aliado del nuevo proceso, pues era partícipe y a la vez reflejo de lo que ocurría.

Toman protagonismo los líderes, los guerrilleros y el pueblo de la mano de una hornada de creadores como Alberto Díaz “Korda”, Raúl Corrales, Liborio Noval y Osvaldo Salas, entre otros. Debido a esto la creación fotográfica de los años 60 y 70 se ha denominado fotografía épica, pues reflejaba los cambios sociales y políticos. Sin embargo, aunque proliferó esta tendencia, también se realizaron reportajes que no representaban a los líderes ni los grandes logros de la Revolución sino que, desde el punto de vista sociocultural, atendían  temas  populares. Se buscaba una obra que evidenciara los acontecimientos lo más fiel posible. Sin embargo, esto no significa que no emplearan otros recursos para la creación. La búsqueda de encuadres atrevidos y planos llamativos, el tratamiento de la perspectiva y la luz, entre otros, van a determinar la existencia de fotografías artísticas, no reconocidas así en su momento.

Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara “Che” fueron las figuras más recurrentes para la representación fotográfica del momento. El furor de los primeros años de la Revolución propició que proliferara el triunfalismo y el engrandecimiento de los protagonistas del proceso. Cada uno encarnaba virtudes específicas: Fidel era el carismático intelectual y guerrillero, Camilo, el héroe popular –trágicamente desaparecido en 1959- y el Che, el incansable revolucionario internacionalista.

Korda fue el fotógrafo personal de Fidel; asistía junto a este a todos sus eventos y tareas como Primer Ministro, logrando un estrecho lazo de amistad, lo cual revertía en sus imágenes. Al conocer a fondo la personalidad del líder, lograba instantáneas más expresivas que captaban sus características psicológicas muy a fondo. Sin embargo, no mantenía esta cercanía con el Che, por lo que la fotografía que lo lanzó a la fama Guerrillero Heroico, de 1960, es considerada por él mismo como un “instante de suerte”[1]. En la foto se expresa la solemnidad del héroe en su gesto imponente ante los rostros desolados de las masas en la congregación en honor a las víctimas fallecidas en la explosión del vapor La Coubre. A ello debemos añadir el relumbre de la pequeña estrella en su boina oscura que remata el eje vertical de la composición toda.

Los retratos de Fidel y el Che de toda esta etapa, además de captar el atractivo de su físico y de sus personalidades, emanan grandes dosis de masculinidad. La virilidad de estos dirigentes –acentuadas por el porte sensual del uniforme de campaña y el gusto por fumar tabaco, entre muchos otros detalles—perpetuaba los estereotipos de género del momento.

En este sentido de la sensualidad destaca Cigarro de Osvaldo Salas, en la que el plano detalle de la mano y el tabaco, presenta un encuadre audaz que refleja el estereotipo patriarcal del acto de fumar. En Che, de 1961, el gesto es más amable; su pose de descanso, reforzada por la camisa levemente abierta, dota a la imagen de cierto aire de sensualidad. La sonrisa del rostro, es muestra de cordialidad y confianza en el ambiente social en que se encuentra.

Por último, otro de los fotógrafos que se destacó en el género fue José Agraz Solans.  Su foto de enero de 1959 Mensajero de Ochún, se encargó de acrecentar la aureola formada en torno a la figura de Fidel desde el imaginario popular. Esto se debió a la trascendencia casi religiosa que la Revolución tenía para muchos en aquel entonces fomentando el sentido mesiánico de la labor de Fidel. Tal lectura se desprende del acto en que una paloma se posa en el hombro del líder.

Indiscutiblemente, entre los años 1959-1979 la fotografía cubana se colmó del triunfalismo y monumentalismo del proceso naciente, cobrando un protagonismo similar al de las otras manifestaciones artísticas. Si bien en n primer momento se recurrió a representar la epopeya épica, hay que tener en cuenta que también hubo ciertos artistas que marcaron la diferencia por la osadía de experimentar con las ganancias del cine y la pintura.

El nuevo proceso exigía ideales de trascendencia y perpetuidad a través de la mirada del lente. Fueron los fotorreporteros los primeros en dar a conocer a los nuevos líderes, los que difundieron el fervor revolucionario y lo plasmaron en sus imágenes para siempre.

 

 

[1] Vives, Cristina. Korda. Conocido desconocido. La Habana, Editorial La Fábrica, 2011.

(La Habana, 1993). Licenciada en Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Actualmente trabaja como Especialista de Comunicación del Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

Mensajero de Ochún. José Agraz
Che. Osvaldo Salas
Barbudos. Korda
Cigarro. Osvaldo Salas
Fidel visita un pozo de petróleo en Jatibonico. Korda
Guerrillero heróico. Korda