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Mientras no se seque el arte en el Malecón

Pedro de la Hoz

#Cuba #CubaEsCultura #CNAP #DetrásdelMuro

El Malecón define la ciudad. Enorme tapiz de experiencias humanas, paisaje imprescindible, frontera que se difumina en el ahora, el antes y después, visión que nos recuerda esos versos de Nicolás Guillén en los que la inmensidad divisada resulta «gigante azul abierto democrático: en fin, el mar».

Eso lo tuvo en la mira Juanito Delgado, uno de los más contumaces y aventurados curadores artísticos actuantes en Cuba estas últimas décadas, cuando se le ocurrió armar, en el contexto de las Bienales de La Habana, las galerías a cielo abierto Detrás del muro, a lo largo del paseo marítimo capitalino, y convocar a artistas tan aventurados como él, de aquí y de otras latitudes, para que realizaran  intervenciones de muy diversa índole.

Para la segunda edición del evento invitó a Léster Hamlet, en su condición de realizador audiovisual, como testigo del proceso de creación colectiva.  Autor de formidables videoclips, y particularmente por sus largometrajes de ficción Fábula, Casa vieja y Ya no es antes, Léster no solo aceptó la encomienda, sino que se involucró en la trama del proyecto, de principio a fin, con lo que dio vida al documental Limbo, estrenado ahora en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Calidades aparte, que más adelante se precisan, el material marca una pauta a tomar en cuenta. La documentación de los hitos de las artes plásticas en Cuba es una necesidad. Las instituciones tendrían que procurar esos registros, si se quiere fijar el rumbo y la intensidad de las señales que indican los impactos decisivos en la vida cultural de la nación. También se debe pensar en términos de complementaridad: todo hecho artístico relevante debe estar acompañado, como este caso, de múltiples plataformas promocionales, del catálogo impreso a la memoria audiovisual, más en una época en la que la cultura multimedial abre cauces inéditos.

Limbo cumple con dichos principios y los trasciende. El compromiso de Léster fructificó. Quien no vivió directamente la experiencia de Detrás del muro II, recibe información; quien la vivió, la recuerda. Pero más importante aún es el modo en que se reflejan pretensiones, ansiedades, expectativas, motivaciones, nociones estéticas e interacciones sociales en el contexto de una acción pública multidisciplinaria a la que nadie escapó.

No es una producción perfecta. Pudiéramos señalar, al menos, dos carencias:  una, la medición testimonial de la recepción social; otra, el acompañamiento de la crítica de arte. Digo esto porque no es lo mismo lo que piense el artista o curador de la huella que dejó en la gente la realización del proyecto, que dar voz a los testigos del acontecimiento.

Como tampoco hubiera sido ocioso escuchar a críticos, historiadores del arte, promotores y comunicadores que en los días de la Bienal valoraron una muestra que reunió medio centenar de obras de 60 artistas para el disfrute, enriquecimiento visual y amplio acceso a propuestas innovadoras e inteligentes, tanto de creadores establecidos como de nuevas figuras de reciente legitimación.

Ponderemos, sin embargo, lo que existe. Reconozcamos en Juanito Delgado la excelencia curatorial y su poder aglutinador. Adonis González, compositor y pianista cubano de sobrados méritos en su trayectoria internacional, puso la banda sonora y acudió al estreno del documental para entregar su arte. Limbo es faena cumplida y estimulante, desafiante e inagotable como el  Malecón  nuestro de cada día, que no se va a secar.

(Tomado de Granma)

Pedro de la Hoz

Cienfuegos, 1953.

Periodista y crítico de arte. Poseedor de la Distinción por la Cultura Nacional. Fue el Primer director de la revista Artecubano. Vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba

 Cubo azul, obra de Rachel Valdés. Foto: YURIS NÓRIDO