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Palabras de Margarita Ruiz en la inauguración de la exposición "Mírame así" en Galería Habana

Dirección de Promoción CNAP

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Buenas tardes queridos amigos,

Servando de nuevo en Galería Habana

1962 fue un año de imprescindibles creaciones para la cultura cubana. Abrió sus puertas la escuela Nacional de Arte, comenzaron a brindar  servicio numerosas bibliotecas, el Conjunto Folclórico Nacional llevó a los teatros bailes y músicas discriminados y se celebró el Primer festival de Música Popular. Para las artes plásticas, en aquel entonces liderada por la ceramista marta Arjona, se inauguró la Galería Habana, primera de carácter estatal a la que siguieron otras en las capitales provinciales.

Servando cabrera Moreno el ya reconocido pintor y dibujante, compañero de estudios de Marta en san Alejandro, trabajó con ella en las ideas iniciales para la creación de esa red de galerías y en los primeros estudios para dotar de modernidad los escasos museos que existían en el país. Junto a estas destacadas figuras comenzaron a trabajar un grupo de jóvenes egresados o estudiantes de las Universidades de La Habana; a uno de ellos, al arquitecto Fernando Pérez O´Reilly se le encargó la remodelación del local que albergaría la Galería de La Habana en un céntrico lugar del Vedado. El sitio quedó dispuesto con excelentes espacios de exhibición, diseñados de manera que el visitante, desde su llegada seguía una ruta que lo llevaba a visitar toda su instalación. Lilia Carpentier fue su primera directora y ella pronto llamó a colaborar con ella a Esperancita Sánchez la esposa del dibujante y fotógrafo vanguardista José Manuel Acosta.

La galería se inauguró con una exposición de Mariano Rodríguez, recién llegado de la India donde había ocupado el cargo de Consejero Cultural de la Embajada Cubana ene s país. Dibujos y óleos cubrieron las paredes de la galería para mostrarnos a un Mariano que salía sabiamente dela abstracción y nos llevaba a admirar la cultura de la India que tanto le había impresionado. Esa inauguración fue un acontecimiento cultural; por sus salones se paseaban las grandes figuras del arte y la literatura de Cuba, entre otros José Lezama Lima que escribió un bello poema para Mariano apareció en el catálogo de la exposición.

Mientras tanto Servando viajaba a los países socialistas con Graciela Pogolotti y Raúl Oliva con la primera exposición de arte cubano que la revolución envió a esos países, y al mismo tiempo se preparaba para integrarse al profesorado de la escuela Nacional de Artes donde marcó su impronta con ímpetu su obra personal que exhibió en esta galería en tres ocasiones durante las décadas 60 y 70. La primera de ellas, Héroes, jinetes y parejas fue un impresionante despliegue de madurez artística.

La Galería de La Habana, durante los 55 años que hoy festejamos y que fueron cumplidos en mayo pasado, ha mantenido el principio para la que fue creada: Exhibir y promover la vanguardia artística de las artes plásticas y a sus más genuinos creadores, por lo que tare de nuevo a Servando en su cuarta exposición llena de maestría, de cubanía, de belleza, (esa categoría tan olvidada a veces y a la vez tan necesaria) y de directas veladas sugerencias.

“Mírame así”, con temas muy de Servando, nos presenta dibujos y óleos casi todos realizados en la década del 70. Dibujos donde se descubre la mano del artista deslizándose sin artificios sobre el papel. Pinturas donde el color, la luz o la sombra, el gesto, la inclinación de un rostro o el movimiento de una mano nos trasmiten una velada sensualidad. Hoy podemos contemplar de nuevo el retrato de Marta Jiménez, la querida amiga tan cercana al artista.

Justo es reconocer la generosidad de instituciones y coleccionistas que han permitido la exhibición de sus obras y también, el buen hacer del Museo Biblioteca que lleva el nombre de Servando y que se empeña cada día, a veces en condiciones poco propicias, en estudiar su obra, promoverla y lograr valiosas publicaciones.

Servando mismo en alguna entrevista definió algo de la esencia del cubano que el pretendía reflejar en sus obras:

“… la manera en que se mueve una palmera o se retuerce un jaguey es comparable al movimiento, andar o insinuar de cualquier parte del cuerpo de un cubano…esto puede ser para ellos mismos o para el disfrute y observación de los demás o para un intercambio entre ambos, en el cual se produce un acto de belleza  que en Cuba tiene sus características propias. Es un deber entenderlo y comprenderlo…”

Muchas gracias a todos

Margarita Ruiz

23 de junio de 2017