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Permanente juventud de Pedro de Oraá

Virginia Alberdi Benítez

Ni para Pedro de Oraá ni para los muchos seguidores de su obra, el dilatado plazo transcurrido entre la exposición con la que honró en el 2016 el Museo de Bellas Artes su investidura como Premio Nacional de las Artes Plásticas y la salida del catálogo ahora en los primeros días de 2019, implicó un desfase.

Por el contrario, es como si a todos les fuera dado revisitar una producción básicamente realizada durante el primer sexenio de la actual década en la cual queda clara una verdad: estamos ante un creador de ímpetus juveniles y más que probados logros artísticos; desde hace buen rato uno de los artistas más aventurados y propositivos del panorama contemporáneo de la visualidad cubana.

Como sugirió el crítico e historiador Rafael Acosta de Arriba al presentar el catálogo, diseñado con esmero por Carolina García Domínguez, del sello Artecubano Ediciones e impreso con exquisita factura por Selvi (Valencia, España), es hora de ir pensando en un libro que refleje a fondo la obra de Pedro, referente ineludible de la pintura abstracta y concreta, línea estética en la que ha ido abriendo caminos propios a lo largo del tiempo.

Porque si bien las obras expuestas en Abstractivos contenidas en el catálogo de más de 90 páginas ilustran un momento de notable trascendencia y reconocimiento en la trayectoria del artista, convendría una revisión mucho más completa de la cosecha anterior y la que sigue aportando el maestro a sus 87 años de edad, cifra que desmiente con su incesante actividad.

Acosta de Arriba definió su impronta como la de una criatura que ha logrado manejar a su antojo el espacio. «Agradables invasiones del espacio –precisa– regidas por una lógica matemática, una visualidad en la que el movimiento parece estar determinado por la velocidad y su envés, por su descomposición, como la famosa flecha de Zenón de Elea».

Ello se observa en esas combinaciones geométricas que desbordan las nociones cartesianas y provocan en la retina asociaciones de alta intensidad poética. En los juegos insólitos entre la luz y su ausencia. En los planos de color contrastados con la sabiduría de un alquimista.

Entre los abstractos cubanos, se distingue de lejos y cerca la personalidad artística de Pedro.  Su rumbo, por muchas vueltas que dé, es suyo y de nadie más. Lo halló tempranamente, desde la época en que participó en la fundación de la galería Color-Luz, junto a Loló Soldevilla e integró el grupo de Diez Pintores Concretos en 1958.

De la juvenilia del artista dan fe los módulos que se muestran en el libro-catálogo, artefactos cuya escala reducida permite entrever la posibilidad de realizaciones ambientales de alto vuelo. Y nos confirman la certeza de una apreciación: para él la abstracción o la no figuración no es mero formalismo ni ausencia de sentido.

(Tomado de Granma)

http://www.granma.cu/cultura/2019-01-14/permanente-juventud-de-pedro-de-...

Virginia Alberdi

(La Habana 1947). Escritora, ensayista, promotora cultural, curadora y crítico de arte. Se ha desempeñado durante más de veinte años como Especialista del Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP). Ha sido curadora de numerosas exposiciones.