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Procesando el arte santiaguero

Maikel José Rodríguez Calviño

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Procesando es el título de la muestra colectiva que hasta finales de septiembre acogerá el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV). Organizada por especialistas del Consejo Provincial de Artes Plásticas de Santiago de Cuba y curadoras del propio CDAV, la exposición nos ofrece un recorrido por lo más representativo del arte contemporáneo que actualmente se produce en tierras santiagueras.

Performances, grabados, fotografías, ensamblajes, dibujos, pinturas, esculturas y video-creaciones integran esta selección, consecuencia directa del trabajo de seguimiento desarrollado por el colectivo del CDAV a los grupos de creadores, radicados en varias provincias del país, que formaron parte del VII Salón de Arte Contemporáneo Cubano.

Tal y como indica su título, Procesando concede más protagonismo a los algoritmos de creación y gestión de la obra de arte que al objeto artístico en sí; estrategia discursiva claramente ejemplificada en la instalación de Miguel Ángel Lobaina perteneciente a la serie Retablos de inútiles (2018), y en la propuesta, también instalativa, de Jorge Luis Hernández Pouyú, quien recreó una mesa de trabajo cubierta por obras pertenecientes a su serie Dibujos (2014).

Con respecto al grabado, destacan las anónimas manipulaciones de Israel Tamayo y la calcografía al chiné colé de Vivian Lozano Caballero, mientras que, en materia pictórica, ganan protagonismo un acrílico sobre lienzo de Pouyú, inserto en la instalación ya mencionada, y “Primavera” (2017), pieza de aliento puntillista donde Carlos René Aguilera Tamayo recrea nuevamente los conocidos osos polares inherentes a su poética. Esta vez, los blancos plantígrados aparecen deambulando por la Plaza de la Catedral habanera en plena nevada de confeti multicolor.

Llama la atención la escasa presencia de la fotografía. Sin embargo, las instantáneas documentales de la serie Cuentas que cuentan (2016-2018), realizada por Grettel Arrate Hechevarría, de seguro cautivarán a los amantes del octavo arte. En ellas, la creadora aborda la religiosidad popular cubana a partir de los collares de santería, rosarios y demás accesorios votivos empleados por los creyentes en ceremonias de carácter público o privado. Aquí, la abundancia de reliquias y objetos rituales nos remiten al énfasis reiterativo de la fe, a la proliferación de símbolos al interior de los diferentes sistemas de creencias, al sincretismo, esencia de la identidad cultural cubana, y a la excesiva mercantilización de lo religioso.

Considero que la verdadera protagonista de la muestra es la escultura de pequeño formato. Los bronces “Añoranza”, “Melancolía” y “Duelista” (2018), de Ángel Mario Trenard, seducen por su lirismo y riqueza técnica, algo similar a lo que ocurre con el conjunto “Ángeles guardianes” (2010-2014), de Wilfredo Fernández, compuesto por piezas concebidas mediante técnicas diversas, entre las que cuentan el tallado en madera, el ensamblado y el objet trouvé. Por su parte, la divertida obra “Luchando por salir al aire” (2018), de Julio César Carmenate Laugart, incluyó en su concepción museográfica los moldes y estudios en cera empleados por el artista para fundir los pequeños brazos y las manos de metal que luego serían agregados a un equipo de radio en desuso.

En cambio, las video-creaciones y los performances evidencian un discreto grado de madurez que entorpecen su consecución y la comprensión por parte de los espectadores. Piezas y acciones como “Catatónica antropológica del ser” y “Las 4 P” (2018), de Carlos Gil Calderón, y “NADA=TODO”, “¿POR QUÉ?” y “El elegido” (2016- 2017), de Frank Lahera, ameritan un mayor nivel de elaboración, a fin de que las ideas desplegadas en ellas ganen más protagonismo y claridad.

Como elemento sui generis, Procesando incluye una muestra de cine experimental, algo poco común a la hora de articular proyectos curatoriales centrados en las artes visuales. Este apartado incluye los cortometrajes “Dance”, “Surrealidades”, “Comunicación bi-dimensional”, “Lo que trae la sangre”, “Ruido” y “El hombre, una cámara”, dirigidos por Frank Lahera, Carlos Gil y Yuri Seoane entre 2013 y 2018.

Por último, Adolfo Escalona Betancourt y Fernando Goderich Fabars suman video-capturas, collages y dibujos, complementando así un proyecto expositivo cuya organización y despliegue nos acerca a la producción simbólica santiaguera más allá de nombres y poéticas ampliamente legitimados en el panorama plástico cubano actual, al tiempo que rinde homenaje al quinientos aniversario de la antigua villa de San Cristóbal de la Habana, ciudad hermana en belleza y artisticidad.

(Tomado de La Jiribilla)
http://www.lajiribilla.cu/articulo/procesando-el-arte-santiaguero

Escritor y crítico de arte cubano. Sancti Spíritus. Licenciado en Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Especialista en arte cubano de carácter religioso y alegórico. Especialista en la obra de José Nicolás de Escalera y Domínguez. Obtuvo el Premio La Edad de Oro 2011, por el libro de cuentos Puertas de papel, Gente Nueva, 2012. Mención en el Premio Calendario 2016 en Literatura para niños y jóvenes por su novela Cerezas al óleo. Premio Calendario 2017 en Literatura para niños y jóvenes por el libro de cuentos La isla iluminada. Autor de la novela Los enigmas de la Rosa de Marfil, Gente Nueva, 2014; y del libro de cuentos Fantasmacromía, Ediciones La Luz, 2016

Serie Los ángeles guardianes (inconcluso) y “Pescador de sueños” (2010-2014), Wilfredo Fernández González. Fotos: Maité Fernández