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SILUETAS DE LA NATURALEZA

Toni Piñera

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El tiempo pasa y la artista sigue impertérrita en su lugar. No parece que el tiempo pasa por ella y por su obra. Cada día más joven, su trabajo escultórico alcanza nuevas cimas y nos atrapa con su singularidad. Que Lidia Aguilera (Santiago de Cuba) experimente la sensación de estar siempre empezando su dilatada y rica carrera, es una buena señal para reconocer que es una creadora inteligente/ original. Pues, al observar sus objetos escultóricos, junto al placer que provoca en nuestros sentidos la consonancia entre un concepto y una imagen depurados, salta a la vista... la contemporaneidad.

Los invito a deslizar la mirada/mente por sus más recientes creaciones, donde la madera regresa como protagonista de sus historias, y que bajo el título de Juego de formas nos “atrapa” en sus redes artísticas.

En el siglo XX la escultura tuvo ya que negar muchos de sus principios, y operar en dos sentidos diferentes, provocando nuevas formas de verla. Y nuevos problemas escultóricos se plantearon entonces: la noción del espacio frente a la idea del volumen encerrado por el contorno de la obra, la masa se sustituyó por el vacío, la opacidad por la transparencia, el volumen por la superposición de planos… Por eso, desde hace muchos años se decidió por el verbo “ensamblar”, y reciclando variados materiales: aluminio, acero, entre otros metales, y también la madera, muchas veces desechados por  la industria…, les entrega una nueva vida para relacionarse con el medio ambiente. Una manera de hacer conciencia al hombre de lo que es el desperdicio en este mundo caótico, y hacer arte de belleza estética con ellos.

Novedosa resulta la obra en este contexto por hacer concordar en ellas (arte, material y resultado), de forma diferente. En general, este tipo de piezas son, en la actualidad, geométricas o abstractas, pero no figurativas. Y Lidia Aguilera las resuelve de forma contemporánea a partir de la tradición, incluso en su propio contenido. Pero ¡cuidado!, a pesar de ser una creadora del siglo XXI trabaja a la manera medieval o renacentista. Las realiza con sus propias manos, un valor extra que se acumula y resulta poco común en estos tiempos. En la piel de estas creaciones están sus huellas, que las acercan a la vida cotidiana-real, no ocultando el método, la técnica ni tampoco el esfuerzo que generan estos trabajos. ¡Pueden palparse las venas de la creación! Un cierto aire “oriental” se desliza por estos ensamblajes que convocan el entorno en sus más variadas acepciones del paisaje: árboles, montañas, hojas, visiones y rasgos nos traspolan a sitios idílicos, que permeados de sus sueños/imaginaciones/sentimientos, recuerdan siluetas de la  Naturaleza.

Ella quiere y lo logra, que las miradas se detengan y sueñen, piensen y vivan ante ellas… Son, en una palabra, productos estéticos que se transforman en objetos escultóricos que llevan a nuestros ojos a fijarse en los bordes, a reclamar la atención en el espacio circundante, transformadas por la mano de la artista en símbolos, como insinuaciones ante las cuales nuestra vista y nuestro cerebro, deben responder completando los significados de las muy diversas interpretaciones…

Toni Piñera

Mayo 2018

(Texto del catálogo de la muestra personal "Juego de Formas" de Lidia Aguilera)