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Tras la historia de los niños de Chernóbil

Gabriela Hernández Brito

En la madrugada del 26 de abril de 1986 tuvo lugar uno de los mayores accidentes nucleares de la historia de la humanidad: la Central Nuclear de Chernóbil explotó debido a una sucesión de errores técnicos y emitió una gran ola radiactiva. Miles de personas fueron afectadas por esta catástrofe sobre todo niños. Documentos extraviados. Niños de Chernóbil en Cuba de la artista peruana Sonia Cunliffe, la más reciente muestra inaugurada en la galería El Reino de este Mundo de la Biblioteca Nacional, recoge la vida de estos infantes durante su estancia en Cuba.

Las imágenes mostradas por Cunliffe no cuentan una historia de tristeza y destrucción sino de esperanza. Son fotografías de niños en sus acciones diarias, divirtiéndose o siendo atendidos por especialistas cubanos. A este conjunto de fotografías documentales se suman videos que narran la historia y las experiencias de vida de doctores y víctimas del siniestro. La música es parte importante de la muestra, pues la pieza, concebida específicamente para la muestra por J. Fernández Acosta, trasmite la emoción y dramatismo del acontecimiento narrado.

La muestra es en palabras de su curador Jorge Fernández, una experiencia intermedial, pues conjuga fotografías, texto, música e imágenes en movimientos. Cunliffe reconstruye la historia de los niños de Chernóbil, pero en esta ocasión desde un punto de vista arqueológico. Recupera fragmentos extraviados por archivos, museos y bibliotecas para mostrarnos un panorama colmado de paradojas y sentimientos encontrados.

(La Habana, 1993). Licenciada en Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Actualmente trabaja como Especialista de Comunicación del Consejo Nacional de las Artes Plásticas.