Coffee Time: day and night


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Coffee Time: day and night

Meira Marrero

Fotos de Maité Fernández Barroso

 

El café es un bálsamo para el corazón y el espíritu.

Giuseppe Verdi

 

«Una buena taza de negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta», ha dicho Rubén Darío. Luis Enrique Camejo Vento lo sabe y se ha apropiado de ello, cual motivo, medio y fin en sí mismo de la expresión artística de esta serie. «¿Qué son?», le pregunté un día… «Servilletas, restos», me respondió con modestia infinita. Yo me quedé prendada, para mí son filigranas de una época en que todo parece detenido y, aun así, el tiempo mágico de Camejo no se detiene. 

Este artista de estilo propio e impronta urbana, nos tiene acostumbrados a sus monocromáticas gamas. En esta ocasión nos acerca al color de la tierra desde su fruto mismo, el café; pero no un café cualquiera, son los restos del que ya ha consumido y forma parte de él. Un sabio anónimo dijo «No hay sueños imposibles, solo cafés demasiado cortos… porque el café ayuda a quien duerme poco y sueña mucho». Así nos regala Camejo, desde la intimidad de su espacio interior, en traducción e idioma propio, su historia (que puede ser la nuestra), su ciudad, sus recuerdos, su acervo cultural, sus experiencias. Algunas nos son comunes, otras solo referenciales. Lo que, sí es distintivo y majestuoso es el deslumbrante resultado: esas crías poderosas, minúsculas piezas dibujadas con café y detalles perfectos. Son un pequeño led que ilumina nuestros silencios, enigmas y lobregueces en esta nueva polémica relación de nosotros con nosotros y nuestros entornos, en este vivir hacia adentro, para «salvarnos» de la furia pandémica, que cual ciencia ficción, invade nuestras urbes.

Alguien, refiriéndose a su obra, dijo una vez que su producción no eran escenas interiores ni intimidades, que la relación fugaz del hombre con su entorno es su interés principal. De hecho, es cierto y creo que lo sigue siendo incluso en estas intimas y maravillosas miniaturas, que me describió como descargas de sobremesa. Esta serie trasciende, subvierte y maneja con sibarita expresión esa premisa, no solo por su técnica exquisita o el dominio de este espacio de historia que nos tocó asumir con «culpa» y sin remedio; está hecha toda con alquimia y maestría, desde la responsabilidad del arte, de inundar nuestros vacíos e incertidumbres. Precisamente ahí, en ese espacio atípico, Camejo nos traduce los lenguajes ininteligibles de este tiempo en certezas cotidianas, aligerando nuestros miedos expuestos tras la satisfacción de un café sin tiempo exacto. Vaya ingenio e impronta de este incómodo tiempo en nuestras vidas, que la delicia de un sorbo de café nos resguarda. 


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