Entre candilejas con Andrés García Benítez


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Entre candilejas con Andrés García Benítez

Por: Erian Peña Pupo

Crítico de arte, narrador y periodista

Fotos: cortesía del Centro Provincial de Arte de Holguín

 

Dos fechas significativas relacionadas con el diseñador y dibujante cubano Andrés García Benítez se conmemoran este año: el 105 aniversario de su natalicio, ocurrido el 10 de julio de 1916 en la ciudad de Holguín, y los 40 años de su muerte, el 11 de ese mes, pero de 1981.   Además, el 18 de enero de este año se cumplió el vigésimo aniversario de la realización en esta urbe de la primera muestra que, tanto en Cuba como en otras latitudes, se dedicó a vindicar la impronta del notable artista (Homenaje a Andrés García Benítez). Motivos suficientes fueron estos para que el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín organizara la exposición Entre candilejas. Andrés García Benítez y las artes escénicas, que muestra –mediante una selección de diseños– una parte de su valioso desempeño como diseñador para la escena cubana.

Ante la imposibilidad de su apertura física a causa de la propagación de la Covid-19, pero con la intención de hacerla cuando las condiciones epidemiológicas lo permitan, el Centro de Arte aprovechó las potencialidades de las redes sociales y, desde el perfil de Facebook «Artistas holguineros», compartió una selección de las piezas, «una muestra ilustrativa de lo que habría de ser dicha exposición», «una parcela de la obra profesional de Andrés relativamente poco estudiada y algo menos conocida», comenta el investigador Martín Garrido, curador de la misma y quien ha dedicado parte importante de su trabajo al rescate y estudio de la obra de García Benítez.

 

Andrés García Benítez fotografiado por Lotte Graham en la década del 40

«Por lo regular, cuando se hace referencia a Andrés, siempre se recuerda su labor como portadista de Carteles. Es comprensible que así sea, pues las portadas diseñadas por él para una de las revistas más populares de la etapa republicana en Cuba son, indudablemente, un patrimonio del arte nacional, el segundo gran momento de nuestra gráfica costumbrista solo comparable, en calidad y trascendencia documental, a la obra que Víctor Patricio Landaluce realizara en el siglo XIX», asegura Martín y añade que iniciada en los años 40, su labor para esta esfera de la creación, el diseño escénico, se amplía y enriquece en las décadas del 50 y 60.

Así lo vemos en los créditos de la reposición en 1958, diez años después de su estreno, de Electra Garrigó, la obra con la que Virgilio Piñera abrió las puertas a la modernidad en nuestra escena, dirigida por el también mítico Francisco Morín para Teatro Prometeo. «Con Andrés, remoza la concepción, y con nuevo elenco, vestuario y escenografía, la obra “entra por los ojos”»,[1] escribe Rosa Ileana Boudet, y añade, citando a Morín, que «esta vez resultó más colorista y espectacular que la anterior»[2]. Lo mismo ocurriría en tantas otras piezas teatrales de las estrenadas por este colectivo, especie de transgresor oasis en la escena insular (García Lorca, Tennessee Williams, O´Neill, Coccioli, Audiberti, Bjørnson, Camus, Peyret-Chappius, Osborne, Crommelynck, Ugo Betti, Cocteau, Carlos Felipe, Pepe Triana, Arrufat), con el que colaboró hasta mediados de los 60.

Diseño de vestuario para Adela (1958, lápiz y acuarela sobre cartulina)

Diseño de vestuario para Anaquillé (1960, acuarela y lápiz sobre cartulina)

Para Calígula, de Camus, Andrés García Benítez concibe con Morín «una caja negra de la que surgen unas manos cubiertas de guantes blancos, como candelabros, inspiradas en los brocados de Christián Berard, el diseñador admirado de Andrés. Si en Carteles el dibujante es colorista y “folklórico”, en la escena y con Morín es sutil, exacto, eficaz. Una colaboración de sostenida y mutua admiración»[3], añade Boudet. A esto se suman incursiones, «siempre brillantes», en el diseño de vestuario y escenografía para presentaciones de ballet, ópera, zarzuela, danza moderna y cabaret, cada uno con las características propias de la manifestación y que le permitieron mostrar su «talento multifacético», «su maestría como dibujante, su versatilidad como creador, su conocimiento profuso de la historia del traje y de la historia del arte en general», dice Martín y destaca que «su profesionalidad en la esfera del diseño destinado a las artes escénicas se advierte en todas y en cada una de las piezas que ahora exhibimos, demostrando por qué críticos tan exigentes como Rine Leal o Luis Amado Blanco solo tuvieran para él los más encendidos elogios» al reseñar obras donde el holguinero trabajó.

Esto lo evidencian las piezas –en gouache, acuarela y lápiz sobre cartulina o cartón– que componen Entre candilejas, entre ellas dibujos del diseño de vestuario para las obras Adela (1958), Mulato (1959), El milagro de Anaquillé (1960) y Liborio y la esperanza (1962), y del diseño escenográfico de Cecilia Valdés (1961) y Lysístrata (1963), estrenadas por diferentes colectivos. Por estos años trabaja Andrés en otra obra importante: la comedia musical Mi solar, estrenada en el Teatro Mella, con coreografía y dirección general del maestro Alberto Alonso, por el Conjunto Experimental de Danza de La Habana y el elenco del Teatro Musical de La Habana, con actuaciones de Sonia Calero, Tomás Morales, Asseneh Rodríguez, Alicia Bustamante, Litico Rodríguez, Tomás Morales, Bobby Carcasés, Alden Knight, Federico Eternod, entre otros, producción que en 1965 se integra al Music Hall de Cuba, como parte de una delegación que se presentó en el Olympia de París, en Polonia y la Unión Soviética. Para la adaptación cinematográfica, con el título Un día en el solar (Eduardo Manet, 1965), considerado el primer filme musical cubano posterior a la creación del ICAIC, García Benítez realizó también el diseño de vestuario, aprovechando las caracterizaciones –el criollo, el habanero de solar, la mulata– que dominaba de sus trabajos anteriores y de los diseños para Carteles.

 

Diseño de vestuario para Mulato (1959, lápiz y gouache sobre cartulina) 1

Diseño de vestuario para cabaret (1959, lápiz y gouache sobre cartulina)

Por otra parte, es necesario mencionar que estas obras pertenecieron a las colecciones particulares de dos destacados artistas cubanos: el maestro Ramiro Guerra, bailarín, coreógrafo, investigador, pionero de la danza moderna en Cuba, y el diseñador escénico Eduardo Arrocha, «único discípulo de Andrés, a quien debe su consagración a estas disciplinas». «Fundidas en un todo, ambas colecciones se conservan hoy en Holguín por voluntad expresa de Arrocha. Las piezas que las integran son como pequeñas obras maestras de esta disciplina, que por su calidad no desmerecen dentro del conjunto total de la obra de Andrés».

Estas piezas, aunque son apenas una mínima parte de su trabajo para estas disciplinas, muestran a Andrés García Benítez en cuerpo y alma, demostrando por qué se le consideró, en su momento, añade Martín Garrido, como uno de los grandes diseñadores escénicos de todos los tiempos en nuestro país, y una de las figuras que engrandece el patrimonio visual cubano.

Diseño escenográfico para Cecilia Valdés (1961, lápiz y gouache sobre cartulina)

 

 

[1] Rosa Ileana Boudet: Francisco Morín: profesión y mito, Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, California, 2018, p.51.

[2] Ibíd., p.103.

[3] Ibíd., p.48.


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