HAV/00/SA: crónicas que abren puertas


hav00sa-cronicas-que-abren-puertas

Alain Cabrera Fernández

I.

En una ocasión leí, aunque ahora no puedo precisar la fuente, sobre los encuentros (quizás fuera mejor utilizar la palabra “encontronazos” estilísticos, estéticos, culturales…) generados entre un Jorge Mañach, ya con cierta madurez intelectual y política a finales de los años cuarenta del siglo xx cubano y un joven pero no menos diestro en las letras y el pensamiento, José Lezama Lima. Los dos se respetaban, sin embargo, no perdían la oportunidad del enfrentamiento directo.

En 1949 los números correspondientes a septiembre y octubre de la revista Bohemia –décana de nuestras publicaciones, fueron el escenario de un grupo de polémicas “cartas abiertas” realizadas por ellos, llenas de ironía, argumentos aplastantes y reproches que iban desde la no comprensión de una escritura “complicada”, según Mañach reclamaba a Lezama, hasta los desacuerdos intergeneracionales de los fundadores de la Revista de Avance (1927-1930) y los que se aglutinaron en torno a Orígenes (1944-1956), algo tan habitual como los roces siempre inevitables entre pasado y presente.

Tal pareciera que las diferencias de estos hombres cultos existían desde antes y quedaban materializadas en el modo de escribir, cada uno, sus crónicas sobre la urbe habanera. Para Mañach, que comienza a publicar sus reseñas en el periódico El país en 1925, compiladas un año después en su libro Estampas de San Cristobal, es el ejercicio de quien intenta descubrir la ciudad y su gente con la añoranza de un niño que regresa luego de vivir mucho tiempo en el extranjero. Sus recorridos a pie, en tranvía o en guagua abarcan zonas de rápido crecimiento urbanístico en aquellas primeras décadas como El Vedado y Miramar haciendo escala en el Malecón “cuando el sol ya no pica y el muro se ha refrescado, …”[1] o los paseos al Morro, caminar por Mercaderes y describir todo lo que sus sentidos captan. Mientras Lezama, que suele moverse en espacios más próximos a su casa contigua al Prado, aprovecha cuanto encuentra a su paso para entregar sus “Sucesiva o las coordenadas habaneras” en el Diario de la Marina entre 1949 y 1950, justo en medio de varios proyectos literarios. Su visión está más centrada en aquello de la ciudad que despierta sus intereses líricos y metafóricos.

Para ambos La Habana es fuente de inspiración más allá de lugares preferidos, trazados de calles, la arquitectura moderna en su apogeo o los diversos estratos sociales. Así se adentran en cuarterías y casas, detallan personas, balcones, puertas, escaleras, balaustres hasta las losas del suelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II.

A inicios de abril quedó inaugurado un nuevo espacio para la exhibición del arte cubano contemporáneo, ahora desde el universo virtual debido en gran medida a la crisis de la Covid-19 que continúa en ascenso. Sus promotores, el equipo de especialistas del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV), concibieron la interesante propuesta bajo el nombre de Sala negra a través de un perfil creado en la red social Instagram con el objetivo de generar proyectos individuales y colectivos que involucren fundamentalmente a la fotografía, los audiovisuales y el arte digital, manifestaciones que por sus características productivas actuales favorecen la visualidad en Internet.

No fue casualidad entonces que la muestra que abrió dicha sala constara de un conjunto de imágenes-publicaciones y hashtags del artista Claudio Sotolongo (diseñador y quien también cultiva la creación fotográfica).

Titulada HAV//00//SA esta serie de fotografías, en principio ideadas para una exposción física en alguna de las galerías del CDAV[2] y más tarde reformulada acorde a la novel entrega en las redes, consiste en la documentación de fragmentos de losas, azulejos y otros elementos comunes en el interior de cualquier hogar del período republicano. La síntesis alcanzada en los detalles que Sotolongo tuvo a bien entrelazar con una justa y metódica selección de las crónicas escritas por Mañach y Lezama, antes mencionadas, funcionan en este caso como una tercera crónica visual, tal vez nostálgica, de la Habana que fue y que hoy sólo revela las memorias de su esplendor arquitectónico. Estos contrastes de formas y colores en mosaicos cerámicos de distintos tamaños que solemos encontrar, divididos por un marco de madera que indica la presencia de un antiguo vano, una columna, una pared derruida que descubre el cemento y la piedra, no son más que la huella del tiempo, un tiempo pasado/presente que Claudio nos sugiere con total sutileza mediante sombras de plantas, rejas u objetos de uso cotidiano, proyectadas sobre los fondos. A su vez estas contraposiciones de imágenes manipuladas de modo intencional por su creador, junto a los textos que las complementan, nos remiten a las divergencias referidas entre los autores de Paradiso y de Martí, el Apóstol o Indagación del choteo.

 

 

 

Los minuciosos collages fotográficos que se han ido conformando aquí tuvieron su génesis en el empleo de fotos polaroid, un tanto abstractas, con cierta analogía visual a su proyecto Looking for Sara, consistente en instantáneas de carteles rasgados y con grafitis que fue encontrando durante su estancia en Roma en el año 2020. La diferencia fundamental partía de que esos carteles incluyen por naturaleza una riqueza intrínseca, textos medianamente legibles y poco entendibles por si solos (“Cov”, “19”, “2020 andrá tutto bene”, “cinema”, “Fellini… grande Federico”) pero que transmiten fuerza en sus contenidos. Para HAV//00//SA el reto estaba en lograr efectos similares apelando a otros recursos del lenguaje visual, y creo que el resultado fue un éxito.

 

“Al ir penetrando en nuestra expresión, al ir alcanzando forma artizada,

parece como si fuéramos penetrando en nuestro paisaje,

rindiendo así la naturaleza a la cultura y haciendo de la cultura la segunda naturaleza, que parece ser lo propio del hombre”.[3]

 

Nunca mejor dicho por Lezama, e interpretado en HAV//00//SA.

 

La Habana, 21 de abril de 2021

 

[1] Jorge Mañach. Crónica III. “El muro del Malecón”.

[2] Idea original que me expresara el artista en una conversación reciente.

[3] Fragmento de la crónica de José Lezama Lima, publicada el 27 de enero de 1950.


0 comentarios

Deje un comentario



v1.0 ©2019     Desarrollado por Cubarte