La isla (el peso) de Aneli Pupo


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Aneli Pupo - La reposada elegancia de un cisne (fotografía digital, 2020)

La isla (el peso) de Aneli Pupo

Erian Peña Pupo

Poeta, narrador y crítico de arte

 

La Isla antes y después de Piñera no es la misma. Es la Isla en peso; esa que, además de estar sumida en la metafísica y palpable maldita circunstancia del agua por todas partes que ha signado al poema, está cargada, desde los días genésicos, de un desbordante erotismo. De cuerpos que invitan a despojarse de sus ropas para nadar, de cuerpos que intentan poner en claro el primer contacto carnal en este país, y el primer muerto.

He dado las últimas instrucciones. Todos nos hemos desnudado, escribe Virgilio en este poema, publicado en 1943, y que Aneli Pupo Rodríguez (Holguín, 1987) toma como punto de partida para su muestra fotográfica Otra isla… otro peso, expuesta en la galería Antón Morales (CPAP) como parte de la jornada literaria La isla en peso, realizada en Guantánamo del 15 al 17 de enero, con dedicatoria a la joven poesía del Oriente cubano y al escritor Eduard Encina (1973-2017).

Desnudos, como hubiera querido Piñera, entramos a la isla de cuerpos y significantes que nos propone la obra fotográfica de Aneli; una, a mi entender, de las más atractivas jóvenes artistas en Cuba.

Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical/en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,/los cuerpos abriendo sus millones de ojos,/los cuerpos, dominados por la luz, se repliegan/ante el asesinato de la piel,/los cuerpos, devorando oleadas de luz,/revientan como girasoles de fuego encima de las aguas estáticas,/los cuerpos, en las aguas, como carbones apagados/derivan hacia el mar. Eso leemos en una de las sinfonías más sensuales y visionarias de la lírica cubana, y nos adentramos en las piezas fotográficas de Aneli casi instintivamente, de manera sensorial, para palpar cuerpos, contornos, aproximaciones, sensualidad… Y para preguntarnos, además: ¿Qué trajo la metamorfosis? Otra Isla, acaso ¿otro peso?

Los cuerpos de Aneli Pupo han recorrido, e insisten en hacerlo, diferentes ruedos antes de adentrarse en los caminos de la Isla: la fragilidad corporal (la silueta humana, el dolor, los objetos del dolor) en antagonismo a la fortaleza del carácter femenino, en series como Manual de la artista; el hecho plástico y la aptitud femenina (un acto, además, de liberación imprescindible como ser social) en Matriarcado y Perestroika; el cuerpo como receptáculo de la psiquis (la ansiedad, la depresión, la agresividad, las dudas, los miedos) en Insight y Plegaria; lo efímero de la existencia humana en Monocromos de un ocaso y Estampas de la memoria; «la figura que constantemente se acopla y se renueva» en Evoluciones; las marcas del embarazo, los cambios físicos evidentes en el cuerpo femenino que niegan los cánones de belleza, en InPerfectas…

Son cuerpos incorporados naturalmente a la flora, a las variaciones del verde, a las formas (troncos, ramas) de los árboles ―Árbol del poeta, árbol del amor, árbol del sexo. Con cuerpos que recuerdan, en algunos momentos, la obra de Ana Mendieta; cuerpos sufridos, colgantes, en equilibro) como muchas piezas de Marta María Pérez y Cirenaica Moreira. Aquí las metáforas visuales son otras, más cercanas a la exuberancia y las interrogantes del poema de Virgilio, pero al mismo tiempo entrelazadas (aunque se alejan un poco de las temáticas que comúnmente ha abordado) con su obra anterior; piezas que se reconocen autónomas, posibles, en la cosmogonía de esta artista: La disputa del fruto, Quién se tiene a sí mismo, Las formas sembradas en su lomo, Tu corazón te saldrá por la boca, Lanzas, El timbal abre la danza… Aneli sabe que el poema de Piñera es, de alguna manera, inabarcable, y que esta es su mirada de esos versos.

Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad… Aneli Pupo reconoce que la Isla, ese amplio bosque difuso, erótico, mental, como la luz o la infancia, aún no tiene un rostro. Desnudos entramos a sus territorios; desnudos también salimos, pero menos livianos. Hemos dejado para cargar, en cambio, más.

La Isla, sobre los hombros, realmente pesa.

                                         

 


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