La libertad de Eros y Tesla


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La libertad de Eros y Tesla

Yuray Tolentino Hevia

Fotos tomadas del sitio web de Villa Manuela

 

Osneldo García Díaz nació en Mayajigua, Santi Spíritus, el 10 de noviembre de 1931. Quinto de los diez hijos de Eustaquia y Juan, heredaría la habilidad manual de su padre, un emigrante de origen canario que llegado a Cuba con 16 años, que devino comerciante y carretero, además de artesano del cuero y la madera. Desde niño Osneldo fue apresado por las formas, de ahí que siempre anduviera buscando entre las piedras aquellas que se asimilaran a animales u otros objetos. A los 11 años ya era capaz de ganar su propio sustento y ayudar a la economía familiar. Con boniato confeccionó los primeros animales, y de la corteza del jobo, las pequeñas esculturas que vendía a los huéspedes del balneario de Mayajigua.

En 1947 lo trae a La Habana un viajante de Ciego de Ávila con el objetivo de que matriculara en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro; al no conseguirlo, el joven Osneldo regresa a su pueblo pero perseverante y cabeciduro como es, vuelve a la capital y en 1955 se gradúa en San Alejandro.

Con solo 22 años, en 1953, es apresado junto con varios compañeros por tomar la Academia y hacer reclamas estudiantiles. Al siguiente año ejecuta importantes trabajos en madera y mármol de Carrara, entre ellos el busto de Domingo Rosillo del Toro, quien fuera el primer piloto en volar de Cayo Hueso a La Habana, así como la Virgen de Fátima, esculpida en una pieza de caoba, que aún se encuentra en la iglesia de Charco Redondo, Bayamo. Además, talla por estos años una réplica de la Virgen del Cobre, laminada en oro y plata, que tras el Triunfo de la Revolución es trasladada a San Juan, Argentina, donde permanece.

En 1961 participa en las bienales de México y en la VI Bienal de Sao Pablo.  En 1962 realiza estudios de postgrado en el Instituto Superior de Arte de Halle, Alemania, durante dos años. A continuación expone sus obras en Alemania, Checoslovaquia, Polonia y Francia. No es hasta 1968, con la muestra personal exhibida en Galería Habana, que su obra impacta en la crítica y público cubano por la libertad y novedad de las propuestas. Con una poética muy personal y un toque humorístico, estas piezas hacen énfasis en el erotismo al abordar de forma onírica, con total desenfado, el libre albedrío y equilibrio del sexo. Al igual que Antonia Eiriz con sus ensamblajes y Umberto Peña con sus pinturas y grabados, las esculturas de Osneldo causaron gran impresión en esos años.

El enunciado estético-temático de su obra parte de la unificación que logra entre los materiales (metales y plástico). Los rasgos tropológicos sexuales se funden con total armonía; a los volúmenes son incorporados elementos mecánicos incorporados, como el motor eléctrico. El cinetismo es un factor determinante que define y diferencia la creación de Osneldo en la plástica cubana. El movimiento que brinda a sus piezas remite al deseo y a la unión de los cuerpos. Él sabe cómo provocar al espectador yendo de la representación de vulvas arácnidas hasta falos ensamblados que penetran el espacio.

Importantes resultan sus esculturas cinéticas ambientales: objetos estructurales-sociales-perceptivos, que no resultan indiferentes a ningún espectador. Los movimientos virtuales diseñados como fenómenos sociales dependen del espacio de emplazamiento. Comprometido y consciente, sabe que este tipo de obra ayuda a transformar y rediseñar la realidad cultural, no como un espectáculo de mercadotecnia, sino como espectáculos ideológicos e identitarios. A partir de una base rígida combina (según la pieza) verticalidad, hieratismo, recursos eólicos con íconos, tela, hierro, aluminio, para mover en el inconsciente de grandes y chicos el placer por el gusto estético. En 1979 quedó inaugurada la escultura monumental cinética del Teatro Nacional, un año después cuelga del techo, a la entrada del Palacio de los Pioneros, el Zunzún. En el 2003 participa en la creación de la inmensa galería al aire libre que se encuentra en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). A corazón abierto es el nombre de la pieza con la que rinde homenaje a la labor humanista de los médicos internacionalistas cubanos.

Desde febrero de 1967, Osneldo vive en una casita de Santa Fe, donde llega ese olor a mar que hipnotiza y adormece, junto al susurro del viento y el maullido de los gatos. Muchos amigos han entrado y salido en su vida; algunos han viajado a otra dimensión y desde ahí continúan riendo a su lado y cuidándolo de los golpes tan fuertes de la vida.

Durante años fue su un «cuartel general» de grandes artistas: Antonia Eiriz, Jorge Ramón Cuevas, Umberto Peña, Ana Mendieta, César Massola, Julio Girona, Ever Fonseca, Reinaldo González y tantos otros que hicieron de esta la casa de todos. ¿Quién podría saber cuántas ideas para grandes proyectos nacieron de las reuniones, los almuerzos, los juegos de disfraces entre los anfitriones y sus amigos?


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