A la memoria de Leandro Soto


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Leandro Soto junto a "Kiko constructor",1984. Madera, metal, fotografia, bombillos incandescentes y objetos diversos.

Hace una semana conocimos la triste noticia del fallecimiento de Leandro Soto Ortiz en California, EE.UU., a la edad de 66 años. Artista versátil de la generación de los ochenta, transitó de la pintura al grabado a la peformance y la instalación, dándose a la tarea de explorar en sus obras la presencia de las culturas africanas e indoamericanas, entre otras, en nuestra región caribeña. Noticias de Artecubano ha querido realizar un sencillo pero sentido homenaje al creador y su obra desde las palabras y las imágenes de algunos de sus amigos de todos los tiempos. ¡A la memoria de Leandro Soto!

Con amigos y Raúl Martínez en la casa de José Manuel Fors, 1978. (Fotografías cortesía de José Manuel Fors).

Una especie de antropología vívida ha sido el arte de Leandro Soto por más de cuatro décadas. Desde su temprana atracción por las artes teatrales, desde las primeras «acciones plásticas» en la calle Cero de su Cienfuegos natal, este singular creador ha explorado comportamientos sociales, cultos religiosos, técnicas artísticas, experiencias pedagógicas y creaciones pluridisciplinares en más de una decena de países. Con un excepcional poder de interpretación y asimilación de saberes en contextos heterogéneos, este escenógrafo, actor, profesor, pintor, gestor de proyectos comunitarios e iniciador del performance en la Isla, nos ha entregado con igual interés su paso por un río de Tabasco, por la majestuosidad de Machu Picchu, o por la intensa espiritualidad de un templo hindú.

Leandro Soto y la curadora Corina Matamoros fotografiados delante de la obra Kiko constructor, exhibida en una de las salas permanentes del Museo Nacional de Bellas Artes, Edificio de Arte Cubano. (Fotografía cortesía de Corina Matamoros).

En lugar de disponer, como mucho del arte actual, de la riqueza de las grandes capitales multiculturales de hoy, Soto se ha encaminado hacia las fuentes originarias, a las regiones donde tradiciones vivas se engarzan sólidamente con un ineludible presente, suministrándole concepciones, manufacturas, técnicas, materiales producciones, objetos y experiencias concretas de vida que alimentan directamente sus crónicas visuales, para no dejarnos olvidar que el hombre es también muchos hombres y el arte nace siempre local.

Leandro Soto durante su exposición Crónicas visuales en el Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 2018. (Fotografía cortesía de Corina Matamoros).

Detrás de esta prolífica variedad de escenas puede vislumbrarse el hilo conductor de su incesante interés antropológico, con el que Soto construye una impresionante visión ecuménica del hombre, sin distinciones ni menosprecios de ninguna índole. Obras antológicas como Kiko constructor o La Historia como material artístico honran el patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes cubano, que se duele hoy por su fallecimiento.

Leandro Soto posa ante una de sus instalaciones en la exposición "Crónicas visuales" en el Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 2018. (Fotografía cortesía de Corina Matamoros).

Corina Matamoros

«Pero quiero, y voy a pensar siempre, en la parte que nos llenó con su plenitud, con esa dimensión humana que lo hacía y hace imprescindible, con esa materia de arte e itinerancia que nos puebla el espíritu y esa voz llamando a desplegar lo mejor de cada uno en conjunción con el bienestar, la comprensión y la sensibilidad que debe unirnos».

Leandro Soto junto a Eva Leal, Nelson Villalobos y Virginia Alberdi en la inauguración de su exposición Sacbé. Camino de intercambio. Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez, La Habana, 2019. (Fotografía cortesía de Guillermo Pérez Veranes).

De Leandro Soto uno admira su obra, luego lo conoce, dialoga, intima, trabaja con él y entonces sucede que ya no está. Lo sabíamos enfermo, pero siempre con la esperanza en una mejoría que alargara su fecunda existencia, la posibilidad de verle seguir creando y auscultar la enjundia de su verbo encantador. Y sí, porque Leandro nos hacía bien con el hechizo de sus vastas piezas, la mística de su palabra y la imantación de un espíritu tan libre como austero conformando un universo sanador donde la justificación del ser humano como hermano de todos era una premisa.

Ancestros, performance realizada en Cienfuegos durante la XIII Bienal de La Habana, 2019, 40 años después de su primera presentación. (Fotografía cortesía de Guillermo Pérez Veranes).

Leandro Soto. Ancestros, 1979. Documentación de performance.

Cubano raigal, nacido de la confluencia de razas que alimentan la isla, era un genuino cienfueguero y artista medular dentro del mítico grupo Volumen Uno de los 80 en Cuba. Pionero del performance y la instalación en nuestro contexto y acucioso bebedor de la herencia afrocubana, la pertinencia de una votiva y sustanciosa vocación por las culturas, ritos y saberes de etnias, comunidades y países de Asia, Europa y América por los que largamente transitó y vivió, le confiere valía a su visión y valoración de tales encuentros. Su interpretación y aprehensión de una forma de ser de las diferentes culturas visitadas en verdaderas zonas de autoctonía fue la de un atento conviviente que se permitió observar, compartir y degustar hábitos, circunstancias y costumbres del mestizaje cultural concurrente en pueblos y ciudades donde echó anclas, acompañado por la  vocación y reciedumbre intelectual y emotiva compartida  con su esposa la Dra. Grisel Pujalá, en un vasto desplazamiento por diversas latitudes en el ámbito americano y caribeño que alimentaba la confluencia y pertinencia de su espíritu de cosmovisión y sabiduría.

Junto a los artistas Emilio Rodríguez y Neslon Villalobos. (Fotografía cortesía de Nelson Villalobos).

Desde las obras pictóricas desarrolladas en Cuba, sus cajas de luz, los performances e instalaciones, sus murales cienfuegueros, la labor como diseñador escenográfico y de vestuario en teatro con raigales e innovadores creadores cubanos hasta las acciones instalativas en diversas partes del mundo, esculturas y su obra total, ha sido y es Leandro Soto Ortiz, una fuente de compromiso con el arte y la espiritualidad; un acontecer desde distintas disciplinas y circunstancias según su visión plural de arte etnográfico y etnológico desde el que investigar, atestiguar y privilegiar la presencia y sentir del individuo y el colectivo compenetrado con la sustancia y realidad, donde se desenvuelve y acredita un modo de ser acendrado en el acervo de cada región estudiada.

Leandro Soto con la familia Villalobos y amigos. (Fotografía cortesía de Nelson Villalobos).

Un hombre grande, un artista importante, un amigo querido se ha ido y podría uno dolerse en el vacío de la necesidad y la ambición de tener a nuestro lado el cariño, la creatividad y el amor de un hombre que sabía entregarlo. Pero quiero, y voy a pensar siempre, en la parte que nos llenó con su plenitud, con esa dimensión humana que lo hacía y hace imprescindible, con esa materia de arte e itinerancia que nos puebla el espíritu y esa voz llamando a desplegar lo mejor de cada uno en conjunción con el bienestar, la comprensión y la sensibilidad que debe unirnos. Un hombre grande se ha ido, pero más que vacío, nos deja la riqueza y empatía de una obra y comportamiento tangibles que es puro canto a la vida.

Guillermo Pérez Veranes

 

 


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