Los usos de la fotografía


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Los usos de la fotografía

Claudia Arcos

Fotos cortesía de la autora

 

La fotografía no surgió como una actividad artística. Fue una invención que siempre tuvo en la mira su posible utilidad práctica. El hecho de que fuera reconocida como una producción estética, como lo eran ya la pintura y la escultura, y poco después el dibujo y el grabado, provocó que la gran producción fotográfica aplicada a otras esferas de la vida comenzara a ser desatendida, a perder relevancia, y a ser vista como una actividad de menor prestigio.

En el caso de Cuba, el Boletín Fotográfico, primera publicación especializada que se editó durante el período 1882-1888, dedicó una buena parte de sus artículos a los avances de los procesos fotográficos y a las soluciones estéticas de acuerdo a sus usos. No solo abordó el retrato de estudio, que era el género más trabajado del momento, sino también reconoció la aplicación de la fotografía en la medicina, la astronomía, en la obtención de imágenes microscópicas y en la topografía. En el número 4 del mes de abril de 1882 el Boletín publicó un artículo sobre estas nuevas utilidades e incluso se refirió a las posibilidades que la imagen mecánica podía ofrecer a las “bellas artes”.

Lo cierto es que el invento de Daguerre rápidamente se implementó en estudios antropológicos, etnográficos, arqueológicos, geográficos, en la botánica, la zoología, la medicina y en la psiquiatría. Las documentaciones científicas ampliaron sus posibilidades en los museos dedicados a las ciencias naturales. La fotografía pasó a engrosar los materiales de archivo en las colecciones museísticas en tanto reproducía mecánicamente un referente real de interés antropológico, biológico, etc. Fue usada también, aunque desde una visión occidental y colonialista, en catálogos e investigaciones sobre los grupos étnicos del mundo. Tal es el caso de la gran colección de fotografías editada en ocho tomos titulada Pueblos de la India (Londres, 1868-1875) donde se clasificaban y describían las distintas “razas” y etnias de esta región.

Cuba también estuvo en el punto de mira de viajeros, antropólogos, arqueólogos y, desde luego, de fotógrafos vinculados a ellos. Quizás uno de los estudios más reconocidos en la actualidad es el que hiciera el médico francés Henri Dumont en el siglo XIX: Antropología y patología comparadas de los negros esclavos. Para llevar a cabo esta investigación Dumont contó con la colaboración del fotógrafo cubano Narciso Mestre, quien ya era en ese momento un retratista reconocido en La Habana.

Otros viajeros pasaron por la Isla. Tales son los casos del naturalista húngaro Pal Rosti que dejó varias fotografías y apuntes sobre La Habana en 1857, y del geógrafo inglés Harry Johnston, quien, entre 1908 y 1909, registró escenas cotidianas de Cuba y de la región caribeña para su libro The Negro in the New World. Ya avanzado el siglo XX, el antropólogo francés establecido en Brasil, Pierre Verger, hizo un trabajo fotográfico en diferentes zonas del país cuyo resultado es el libro Cuba (1957), con introducción y notas de la destacada etnóloga e investigadora cubana Lydia Cabrera.

La fotografía también se utilizó en la planificación urbanística y arquitectónica de las ciudades. Se convirtió en una importante documentación de archivo para las empresas dedicadas a la construcción y a los proyectos urbanos. Los encargos de este tipo potenciaron el desarrollo de una fotografía de arquitectura de riguroso cuidado técnico y la realización de tomas aéreas de la ciudad. Las primeras vistas de La Habana captadas desde un avión fueron en el año 1917 por Adolfo Roqueñí. Ya para el Plan del arquitecto francés Jean Claude Nicolás Forestier, iniciado en 1925, se incluían vistas aéreas del litoral habanero.

 

La fotografía sirvió como método de identificación policial y como herramienta para los estudios de criminalística. En 1865 la cárcel de La Habana abrió un gabinete fotográfico para identificar mediante el retrato a cada uno de sus prisioneros. Lorenzo Cabrera, retratista de estudio, fue quien estuvo a cargo de ese gabinete hasta 1874. Estos primeros documentos de identidad realizados en la cárcel, de alguna manera mantenían los parámetros estéticos utilizados en el retrato de galería. En 1894 se creó el Primer Gabinete Antropométrico de Cuba que implementaba el sistema de medidas ideado por el antropólogo francés Alfonso Bertillón. A inicios del siglo XX se definieron de forma más clara las características de la fotografía policial especializada en la criminalística, la cual tenía sus propios patrones de realización, pues debía narrar y describir objetivamente el suceso ocurrido en la escena del crimen. Se reconoce a Juan Francisco Steegers como el primer fotógrafo científico de la policía en Cuba, quien aplicó su propio método dentro de la dactiloscopía fotográfica. Los expedientes policiales incluían fotografías de las escenas del crimen, imágenes de los cuerpos encontrados en esas escenas y de las armas y objetos usados para la comisión del delito. De ninguna manera podían intervenir los escrúpulos ni las preferencias estéticas del fotógrafo a la hora de registrar los detalles del suceso. Por otra parte, el fotógrafo debía dominar la técnica y las especificidades de la ciencia criminalística.

Con la creación del fotograbado –que permitió la publicación de imágenes en soportes editoriales–y con el acelerado desarrollo y constantes innovaciones de la técnica, la fotografía conquistó también el ámbito comercial y publicitario. Se crearon y desplegaron por el mundo millones de postales turísticas, escenas de tipos y costumbres, retratos de personajes célebres y reproducciones fotográficas de obras de arte. Prácticamente todo podía tener cabida en una postal, de manera que también se potenció el coleccionismo de estas tarjetas postales, el cual es denominado deltiología.

En Cuba, durante las primeras décadas del siglo XX, las fábricas de cigarros usaron como estrategia comercial incluir postales seriadas dentro de las cajetillas a modo de obsequio a los clientes. Por esos años también proliferó el trabajo por encargo. Las empresas comerciales y pequeños negocios requerían del servicio fotográfico para posicionarse en el mercado y de esta manera cobraron una gran fuerza los anuncios, posters y catálogos hechos a partir de imágenes fotográficas. Un gran volumen de material fotográfico se hallaba volcado hacia la publicidad, la industria de la moda y la belleza, en diferentes revistas y periódicos.

Mientras más se extendían los usos de la fotografía más variaban las normas y los requisitos técnicos y estéticos. Los deportes, la naturaleza, las vistas aéreas, necesitaban equipamientos cada vez más avanzados. Paralelamente a estas especializaciones, la industria fotográfica promovió el uso de la cámara para aficionados. Recuérdese el slogan de la Kodak: Usted apriete el botón, nosotros hacemos el resto. La popularización del medio desató una gran producción de imágenes hechas en la esfera privada o familiar, que facilitó los recuerdos de viajes, y una cantidad cada vez más abundante de fotos de entretenimiento. Los usos de la fotografía han ido desde entonces y hasta la actualidad ampliando su radio de acción y ocupándose de las nuevas y variadas necesidades de la sociedad.


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