Marcelo Pogolotti: su tiempo no es muy diferente al nuestro


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"Marcelo Pogolotti: los ciclos de la historia", exposición por el 120 aniversario del natalicio del destacado artista e intelectual. Galería 23 y 12.

Texto y fotografías: Elaine Caballero Sabugueiro

 

Marcelo Pogolotti, el artista cubano representante del futurismo, el mecanicismo y la abstracción, legó una obra que parece haberse realizado en el presente por los temas recreados en sus pinturas y dibujos.

Digamos que Pogolotti fue un adelantado a su tiempo, porque supo el valor cíclico de la historia, que se renueva de hombre en hombre. Podrán cambiar los años, la gente, los rostros, pero de una forma u otra, lo humano, sus males y decoros, continúan siendo raíz y verdad en cada uno de los tiempos, como si un patrón demostrara la permanencia de ciertas conductas casi mecánicas en las sociedades.

El matón, ca. 1935. Óleo sobre tela 91,5 x 72 cm. Col. MNBA.

A propósito de celebrarse los 120 años del natalicio de Marcelo Pogolotti, la galería 23 y 12 en el Vedado habanero acoge la exposición Marcelo Pogolotti: los ciclos de la historia, donde se muestran un total de 18 obras del prestigioso creador, de ellas diez dibujos y ocho pinturas, todas pertenecientes a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes.

La muestra estará abierta hasta el próximo 31 de agosto bajo la curaduría del especialista Roberto Cobas Amate para replantarse diversas realidades que duelen y laceran determinadas conductas humanas.

Cronometraje, ca. 1935. Óleo sobre tela 88,5 x 116 cm. Col. MNBA.

La obra de Pogolotti porta una exquisitez impresionante en sus composiciones, en el uso del color y en las escenas recreadas por el artista. Se trata de un quehacer implacable en sus terminaciones, en los detalles pictóricos, en la manera de representar/nos, no solo como cubanos como podría ser su conocida pieza Paisaje cubano, sino por la destreza del creador para abordar el mundo.

En algunas ocasiones observamos la ausencia/enigma de los rasgos elementales en los rostros de sus personajes, como pueden ser en las obras El intelectual, Evasión o sus dibujos exhibidos en la muestra. Con esa solución Pogolotti representa lo plural, al no caracterizar o enmarcar una fisionomía determinada. Al contrario, todos podemos ser los campesinos que él pintó, habitar la misma preocupación del intelectual o transitar por otra realidad para contrastar el angustiante presente.

El intelectual (o Joven intelectual, ca. 1937. Óleo sobre tela 89 x 116 cm. Col. MNBA.

Sus rostros carentes de boca y ojos representan al sujeto común con las mismas incertidumbres de los 30 del siglo xx, cuando fueron creadas las piezas.

«Mi pintura es dura porque nuestro tiempo es duro y necesita precisamente de un lenguaje pictórico muy duro», aseguró Pogolotti.

De los dibujos, es preciso recordar su marcado carácter social, que pueden asumirse como una fuerte sentencia sobre las realidades del ayer, así como del aquí y el ahora.

Tal parece que el artista supo avecinar la inmutable conducta humana que no parece acabar con la muerte. Obras de la serie Nuestro Tiempo, entre ellas, El amo y sus perros de presa, Aquí se trabaja para nada, Los negocios marchan… (Cuerpo a cuerpo) advierten una crudeza que golpea y estremece, al mismo tiempo que ofrece una lección de vida sobre la explotación, las víctimas y el victimario como ejercicio de autorreconocimiento en cada una de esas individualidades.

Son dibujos mayormente realizados a lápiz y creyón sobre papel, otras veces en cartulina, así como en tinta y tempera. Hablamos de obras con una terminación decorosa, donde el artista sabe trabajar la dramaturgia sin exageraciones ni andamiajes, con el propósito de generar estados de pensamiento.

Una misma gama cromática y sus variabilidades, según el énfasis intencionado, es suficiente para el efecto y la textura ideal, donde la ausencia de colores cálidos o cualquier tipo de color que no sea el resultado orgánico de los materiales antes mencionados, complementa los matices de las temáticas abordadas.

Las pinturas de su autoría evidencian un estilo refinado. Algunas piezas de la exposición demuestran una rica arquitectura contenida en diversas escenas dentro de la misma creación. Un universo dentro de otro, la acción que antecede y supone otros movimientos como prueba de las diversas realidades que suceden en un mismo abrir y cerrar de ojos.

Si los años que vivió el connotado creador fueron «duros» y él decidió reflejarlos en su quehacer como mecanismo de alerta, tensión y necesidad de expresar los demonios que lo atormentaban, algo muy similar acontece en la sociedad contemporánea, donde es preciso la urgencia encaminada hacia la alternativa y las soluciones.

Resultan impresionantes dos obras creadas en 1937, Evasión y El intelectual, antes de quedar ciego en 1938. Aquí Pogolotti luce la misma destreza pictórica de años anteriores, combina con elegancia las gamas cromáticas y vemos la presencia de escenas únicas, amplias en su composición, donde el acto de pensar o abstraerse determina el contexto, además de lograr de manera inmediata una conexión directa con cada discurso.

Evasión, 1937. Óleo sobre tela 65 x 81 cm. (Detalle). Col- MNBA.

Necesarias siempre serán las artes, porque si con las palabras solamente se resolvieran las grandes complejidades y penumbras, no hiciera falta una pintura capaz de sacudir y erizar la piel de pies a cabeza, como el caso de la imprescindible obra de Marcelo Pogolotti, un camino de búsqueda y reencuentro con el pasado y los latidos del presente.


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