Piero Mottola en la XIV Bienal de La Habana: La imagen, el sonido, la emoción, lo antropológico y el algoritmo. (I)


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El artista italiano Piero Mottola en la inauguración de "Voces de la Vida. Autocorrelador acústico: estímulo acústico automático a 10 emociones con 500 voces de diferentes culturas", 2022. Museo Nacional de Bellas Artes. edificio de Arte universal, XIV Bienal de La Habana.

Por: Roberto Medina

Licenciado y Máster en Historia del Arte. Diplomado en Estética por la Universidad de La Habana. Profesor universitario. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Crítico, teórico y ensayista del arte.

Fotografías: Maite Fernández

 

En el lobby del Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes ha sido mostrada la instalación sonora Voces de la Vida. Autocorrelador acústico: estímulo acústico automático a 10 emociones con 500 voces de diferentes culturas (2022), del artista italiano Piero Mottola, la cual se une a la presencia de obras de artistas internacionales a la XIV edición de la Bienal de La Habana.

Voces es una investigación del laboratorio de estética del ruido, dirigido por el propio artista, quien investiga el poder medir las potencialidades estéticas y emocionales de los sonidos fuera del universo sonoro musical que son tomados de la vida real a partir de los registros magnetofónicos en muestras obtenidas de diferentes culturas y áreas geográficas del planeta. Es significativo y harto conocido, que los espacios sonoros resultado de la acción humana se llenan de cualidades distintivas en cada lugar y época según los ruidos ambientes epocales, pero obsérvese que Mottola encuentra, a pesar de eso, puntos de contactos en los estados emocionales, que identifica y aísla en características semejantes y en número de diez, pese a hacer los registros en diferentes sitios del mundo.

Piero Mottola. Voces de la Vida. Autocorrelador acústico: estímulo acústico automático a 10 emociones con 500 voces de diferentes culturas. 2022. Instalación sonora. Museo Nacional de Bellas Artes. Edificio de Arte Universal. (Fotografía: Alain Cabrera Fernández)

Encuentra en sus investigaciones artísticas que los ambientes sociales y civilizatorios, por cambiantes y distantes que sean, se reducen en lo emocional a esa pequeña escala de apenas diez estados emocionales diferenciados. Lo más importante a considerar es que los  estados se reiteran, indicando reacciones y sonoridades semejantes pero no idénticas en la carga expresiva emocional de los individuos en su accionar con los demás. A pesar del número reducido de emociones puede abarcarse un espectro enorme de sensaciones y reacciones humanas particulares en cada cultura, revestidas de matices propios. Es en esas emociones básicas donde detiene su atención y llama a considerarlas por el público y el arte. No obstante, se resalta el carácter universal en el comportamiento emocional del género humano, en tanto todas las culturas participan de los mismos, y pueden ser reconocibles en cualquier lado del planeta.

Parte en sus investigaciones sonoras de una legitimada herencia de experiencias e indagaciones diversas en la creación musical, basadas en sistemas complejos de diseños sonoros. Siguiendo esas precedencias desarrolla el concepto de incluir cualquier sonido dentro del vocabulario sonoro de la creación artística, aun los situados fuera de lo acostumbrado por la práctica de la tradición musical. Los integra siguiendo un fundamento científico esbozado más allá de lo musical, al incorporar una ecología ambientalista de lo sonoro producido por el hombre, como puede constatarse en un modelo representacional elaborado por Mottola en el año 2000, hace algo más de veinte años.

Su instalación realizada en La Habana abarca dos décadas de experimentos pues ha recorrido diversos lugares del mundo haciendo registros sonoros de disimiles culturas, encontrando correlaciones entre emociones y sonidos que rodean a los hombres en cada uno de ellos. La prueba queda sedimentada en sus reflexiones, ideas y experimentaciones respecto a las sonoridades producidas por las personas, incluidas principalmente las voces.

Hombre y mundo se relacionan íntimamente en su concepción artística. Su universo abarca los ruidos producidos por la acción humana del entorno más inmediato y cotidiano, en tanto tienen una presencia en la vida de la sociedad. No solo de una sociedad particular sino de la vida urbana en general que la sociedad ha ido conformando de un modo cada vez más extendido a escala planetaria, a nivel de las experiencias sonoras de la vida en diversos entornos. En cambio, no son de su interés reflexivo los ruidos producidos por las fuerzas de la naturaleza cósmica, terrestre, atmosférica o marina.

La idea de Mottola es estructurar modelos dispuestos a modo de mapas sonoros en relación con las emociones humanas, algo que ha estado en su horizonte de observación durante años. Así retoma las experiencias y hallazgos obtenidos por él mismo y otros investigadores, con el perfeccionismo de la ciencia que refina continuamente sus procedimientos en pro de mejores y más certeros resultados.

Ciencia, arte y estética son tres fundamentos de los cuales el pensamiento creativo de Mottola no se aparta. Esa es una directriz que le recorre de continuo, y forma parte de los objetivos de sus enseñanzas en Diseño sonoro que imparte en la Academia de Bellas Artes de Roma. Obsérvese al respecto cuánto ha cambiado el panorama del arte y del arte musical en las últimas décadas, que instituciones académicas sumamente prestigiosas de la música sean en la actualidad, a diferencia de las antiguas, el lugar donde se imparten concepciones y métodos revolucionadores de las creaciones sonoras. Por demás, su experiencia y fama de docente e investigador es tan notable, que Mottola ha sido convocado por grandes centros internacionales de enseñanza para ofrecer sus conocimientos sobre la relación entre los ruidos y las emociones. Sus estudios se han publicado en el libro Paisajes emocionales. Del ruido a la música relacional.

Ciencia, arte y estética son tres fundamentos de los cuales el pensamiento creativo de Mottola no se aparta. Esa es una directriz que le recorre de continuo

Puede decirse que la visualidad no entra dentro de su campo de acción. Solo de una manera muy secundaria participa, pues solo el órgano sensorial localizado en el oído humano es visto por él como el centro rector de sus investigaciones. ¿Puede ese órgano sensorial servir de medio para reflexionar sobre el estado del mundo? Por supuesto que sí; aunque la visualidad mediante el órgano de la visión haya desempeñado un papel fundamental en la creación artística humana desde la prehistoria, y sirva como feliz y efectivo sistema de registro de las cosmovisiones que en cada época y momento particular el hombre ha mostrado en la amplitud de su existencia.

La estructuración de un modelo gráfico-instalativo y matemático, lo ofrece Mottola en el trazado de un círculo perfecto en el piso del lugar donde se enclava la instalación artística a manera de Imago Mundi. Imagen del mundo cuya expresión actúa de manera representacional de la realidad simbolizada de una sociedad y una cultura en un momento histórico determinado, a través de los énfasis que haga sobre percepciones, valoraciones, concepciones, y además sobre ciertas imágenes, sonoridades, entre otros, resultantes de las acciones sensoriales. El artista representa por medio de esta pieza instalativa su visión acerca del lugar del hombre en el mundo y la dimensión alcanzada por este, de su constante omnipresencia. ¿Acaso el ser humano no ve al mundo como el lugar de su acción y destino, diríamos de envergadura cósmica?

Ciencia y psico-emociones son articuladas por Mottola en un universo sonoro y una grafía básicamente circular que representa una esfera mundi, un globo terráqueo, un modelo de las sonoridades del mundo, a partir de seleccionar y aislar emociones básicas presentes en el ser humano en todo el planeta, con independencia de culturas, zonas geográficas y tiempos históricos, a través de un modelo compositivo que ha creado a modo de ensayo científico en su potencialidad evocativa de las relaciones entre lo emocional y lo sonoro no musical, mediante la intervención de la voz humana y de otras sonoridades producidas por el mundo propiamente humano.

Dentro de la superficie trazada sobre el piso mediante grafía, sitúa de manera ordenada según principios que él encuentra, distingue y hace relucir, las palabras indicadoras de diez emociones, junto a las cuales desde un respectivo artefacto salen las voces humanas y las sonoridades producidas por determinados artificios escogidos por el autor, que funcionan a manera de emblema mediante la figura retórica de la sinécdoque sonora, en relación a la totalidad de lo creado por el hombre. Es pues, el hombre, el que está en el centro del universo creativo de Mottola. La suya es toda una visión antropocéntrica.

Voces de la Vida es de una expresión minimalista, formada por diez bocinas situadas en esa circunferencia junto a las palabras antes aludidas: miedo, angustia, agitación, cólera, tristeza, asombro, excitación, placer, alegría y calma. De las bocinas surgen los sonidos y las mezclas de voces, siendo decisiva la participación performática del público, pues modifica las sonoridades con su intervención y el lugar ocupado físicamente con sus cuerpos situados de pie dentro de ese registro gráfico. La posición central es en su concepción ocupada por lo humano como el agente activo, creador y modificador dinámico.

La construcción de la obra parece muy simple, como ocurre en muchas obras surgidas en el arte contemporáneo hasta lo que va de siglo xxi, cuyos fundamentos no hacen visible la complejidad conceptual sobre la cual se sustentan, a veces impresionante. Al respecto, los cálculos de la programación algorítmica sobre los cuales Mottola estructura las combinaciones de las interconexiones sonoras entre las voces y los ruidos, resultan de una gran complejidad y multiplicidad de variaciones, expresables a la «n» potencia. Los registros sonoros que ha ido acumulando en sus investigaciones durante años, los distribuye por las emociones y frente a estas coloca encerradas en círculos las numeraciones del 1 al 10 del valor emocional, las cuales ordena de una manera diferente en cada uno de los estados emocionales.

Dentro de la superficie trazada sobre el piso mediante grafía, sitúa de manera ordenada según principios que él encuentra, distingue y hace relucir, las palabras indicadoras de diez emociones

Está decidido a mostrar correlaciones de los registros sonoros en grabaciones que ofrece, como si fueran «paseos emocionales emprendidos por el receptor», en parte físicamente al entrar a ese «círculo mágico». La creación de los paisajes sonoros resultantes con la intervención individual y grupal es muy peculiar en él. Se activan por los desplazamientos físicos a efectuarse por los receptores y al dejarse influir emocionalmente por los sonidos, y por las imágenes que les sobrevienen mentalmente asociadas al escuchar esas sonoridades de voces y ruidos ambientes tomados directamente de la ruidosa vida urbana. Esa estimulación se interna sonoramente y se refuerza mentalmente, creando un ambiente inmersivo una vez comienza a desplazarse el público de una a otra de las emociones señaladas.


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