Todos bajo el signo (y el sino) de lo abstracto


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Todos bajo el signo (y el sino) de lo abstracto

Por: Erian Peña Pupo

Crítico de arte, narrador y periodista

Fotos: cortesía del Centro Provincial de Arte de Holguín

 

En un artículo a propósito de la obra de Rigoberto Mena, el crítico David Mateo aseguró que «la abstracción en la Isla continúa siendo un fenómeno intermitente, aislado. Si tan difícil es descubrir en el movimiento plástico cubano obras abstractas puras, incontaminadas, no simuladoras, más complejo es encontrar artistas abstractos con una trayectoria centrada, sin intervalos fortuitos de conveniencia; con una producción en la que puedan verificarse con absoluta trasparencia los antecedentes inmediatos y las direcciones individuales de perfeccionamiento o aportación al ámbito artístico»[1].

Mateo dudaba sobre la «relativa recuperación de la abstracción en la plástica cubana», pues le parecían poco creíbles «todos aquellos argumentos de interrelación esgrimidos para presentar el acontecimiento como si se tratara de un fenómeno colectivo y en ascenso»[2]. Más de quince años han pasado desde el texto de David y aún hoy muchos aseguran que el abstraccionismo ha mantenido una trayectoria evolutiva bastante irregular desde que en la década de 1950 conquistara un espacio y alcanzara un nivel de concurrencia en la escena artística asociado a nombres fundacionales como Sandú Darié, Antonio Vidal, Raúl Martínez, Rafael Soriano, Hugo Consuegra, Fayad Jamís, Guido Llinás, Luis Martínez Pedro, Julio Girona, Pedro de Oraá, Antonia Eiriz, Loló Soldevilla, Pedro Álvarez, Salvador Corratgé, Mario Carreño, José Mijares y Wilfredo Arcay.

Abenamar Bauta - Sin título (Acrílico sobre lienzo, 2021)

Armando Gómez - La otra jungla (acrílico sobre tela)

Con la constitución del Grupo Los Once, entre 1953 y 1955, y posteriormente el grupo Diez Pintores Concretos, en 1958, emergía en Cuba un movimiento de arte abstracto en sintonía con otros países del continente, especialmente Argentina y Uruguay, con las proyecciones del movimiento Madí, y Brasil, con el neoconcretismo, herederos de las investigaciones estéticas desarrolladas en la Europa de inicios del siglo XX por artistas como Kandinski, Theo van Doesburg, Malévich y Piet Mondrian. Movimiento que, en sus dos vertientes –la informalista y la concreta–, durante un buen tiempo y contrario a otros países en nuestra región, fue considerado tendencioso, poco aconsejable y desestimulado oficialmente, en pos de una figuración que ocupaba espacios, aulas, galerías… (Años antes, en 1958, Juan Marinello había publicado Conversación con nuestros pintores abstractos que, reeditado en 1960, se esgrimió como política oficial y lapidó las tendencias no figurativas). Muchas veces enfrentada al rechazo, la incomprensión y el olvido, la abstracción cubana tuvo que labrarse un camino casi por sí misma, hasta ocupar un lugar, el suyo, el que le corresponde, en el corpus de nuestra plástica.

Mateo subraya que los más pertinaces defensores del abstraccionismo «han sido, en la inmensa mayoría, figuras que provienen de aquel período histórico o que han estado muy cercanos a él, junto a otras no menos proverbiales que se fueron adicionando poco a poco mediante brotes aislados, esporádicos»[3]. Entonces, aún vivían varios de los iniciadores del deslumbramiento abstracto inicial, como Corratgé, Vidal y Pedro de Oraá, quien recibió –aunque tardíamente, como muchos opinan– el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2015 y falleció años después, en 2020, aún en pleno ejercicio creativo.

Carlos García de la Nuez - Praxis-Logos (mixta sobre lienzo, 2020)

Carlos García de la Nuez - 4 kilogramos (mixta sobre lienzo, 2020)

El propio De Oraá manifestó en varias ocasiones que hoy más que nunca la abstracción cubana se abre al mercado internacional. Así lo demuestran las exposiciones personales que, sobre todo en Estados Unidos, se han dedicado a abstractos cubanos como Carmen Herrera, Loló Soldevilla y Rafael Soriano, y colectivas en Nueva York, Houston, Minneapolis y Miami; así como los precios que muchas de las piezas, principalmente en su vertiente más geométrica, han alcanzado en casas como Sotheby’s, con el consiguiente interés hacia los pintores cubanos y hacia la abstracción en América Latina. «El movimiento abstracto ha demostrado ser una vía de expresión introspectiva del hombre, de una interpretación inquisitiva de la realidad no visible, y ha demostrado no ser ismo ni moda. Su resistencia y vigencia en el tiempo lo devuelve –hoy y ahora– en un florecimiento múltiple entre las jóvenes generaciones», diría Pedro de Oraá en entrevista con Lianet Hernández.[4]

Partiendo precisamente de este «hoy y ahora», sin menoscabar el ayer, sino todo lo contrario, sintiéndose parte de una tradición abstracta cubana, y del «florecimiento múltiple entre las jóvenes generaciones» que menciona De Oraá, el Centro Provincial de Arte de Holguín inauguró la muestra virtual Todos abstractos en sus redes sociales, dedicada a este maestro de la abstracción y a otro maestro, el holguinero Armando Gómez.

Marco Antonio Arias - I (de la serie Depresiones) (acrílico sobre cartulina, 2021)

Marco Antonio Arias - II (de la serie Depresiones) (acrílico sobre cartulina, 2021)

Aproximadamente 60 creadores de varias partes del país integran una exposición que, si bien está consciente de que faltan nombres, «solo pretende ofrecer un flashazo en el capítulo del arte abstracto cubano contemporáneo, haciendo novedoso el hecho de brindar una mirada amplia a la condición abstracta», comenta en las palabras de catálogo su organizador, el artista y profesor Ronald Guillén, quien destaca «la alegría de poder compartir con el público internauta, no solamente las obras mismas, sino también el entusiasmo de los momentos vividos mientras recibíamos y seleccionábamos cada pieza, cada dato, cada currículo; el descubrimiento de los sitios, grupos y nombres que intentan aupar y promover la abstracción cubana toda, ocultos algunos y compartidos otros, la conexión mágica y creativa que enlaza a tantos artistas de diferentes credos, generaciones y experiencias de vida» bajo la señal del arte abstracto.

¿Qué encontramos al recorrer virtualmente Todos abstractos? Primero, la variedad de la expresión y la multiplicidad de enfoques, miradas, técnicas y denominaciones estilísticas que posibilitan esa diversidad que no dejamos de agradecer; funcionando, además, como una espiral de confluencias donde las diferentes formas de acercarse a lo abstracto dinamitan en su centro: desde la abstracción geométrica –el propio De Oraá, los holguineros Eduardo Leyva, Nalia Martínez Grau– hasta la cromática (aparejada al sincronismo de inicios de siglo o el color field de los años 50) y distintas denominaciones estilísticas que llegan ellas mismas a interactuar y mezclarse: abstracción lírica, sintética, analítica, el surrealismo abstracto, el informalismo (expresionismo abstracto, abstracción constructiva, la pintura matérica, el action painting), la abstracción postpictórica, entre otros movimientos derivados. De esta manera, el arte abstracto insular resulta un summum de interacciones y estados, aprehendidos y ejercitados, bastante complejos de etiquetar hoy, y evidente, en buena medida, en las piezas que conforman Todos abstractos, con curaduría de Ronald Guillén y Bertha Beltrán, y dirección general de Yuricel Moreno, al frente del Centro de Arte, institución que celebra su 30 aniversario este año.

Pedro de Oraá -  Inmersión de formas al negativo (óleo sobre lienzo, 1959)

Jose Ángel Vincench - Plebiscito (homenaje a los 50) (gold leaf sobre tela, 2018)

La obra de Pedro de Oraá es bastante conocida, ha marcado impronta en el arte cubano y es cercana con los pintores holguineros (Pedro participó en el Evento Nacional de Arte Abstracto «Imán 3» y su correspondiente muestra en la sede de la UNEAC en Holguín en noviembre de 2018). Por su parte, Armando Gómez, que este 2021 celebra sus 80 años, posee una obra importante en la abstracción matérica. Residente en México, graduado de pintura y escultura de la Escuela Profesional de Arte de Holguín, desarrolló sus primeras piezas basadas en los principios del expresionismo abstracto.

La muestra se ha propuesto unir intereses comunes, muchas veces dispersos en el maremágnum insular, y visibilizar el arte abstracto y sus principales exponentes, no como plataforma ni movimiento, sino como eje y ensamblaje de interacciones. Así encontramos piezas de artistas como el propio Ronald Guillén y Eduardo Leyva, que han abordado la abstracción en distintas etapas de su obra y lo hacen hoy de forma persistente. Y otras, como las de Juan Carlos Anzardo Escalona, que añade, característico de su trabajo en el expresionismo abstracto, fragmentos de chatarra de metales oxidados, telas, pedazos de publicaciones; heredero del trabajo de Antoni Tàpies y Alberto Burri, exponentes de la pintura matérica, surgida dentro del informalismo europeo, y de los movimientos gestuales, el tachismo y la pintura matérica.

Integran, además, la muestra –con piezas que van desde la fotografía, la cerámica y la instalación a diferentes técnicas pictóricas, y donde encontramos a miembros de diferentes generaciones– artistas como Abenamar Bauta Delgado, Adela González, Aníbal de la Torre Cruz, Carlos (Koky) Trillo, Carlos García de la Nuez, Claudio Sotolongo, Emilsy Pérez, Francisco Núñez, Freddy García Azze, Grettel Arrate, Jorge Luis Hernández, José Ángel Vincench, José Manuel Mayo, José Vega Batista, Juan L. Brouwer, Julia Valdés, Julio Ramón Serrano, Katia Leyva, Leandro Pérez, Lidisbelis Carmenate, Luis Miguel García, Luis Santiago Peña, Mariannis Mirabal Ripoll, Martha Beatriz Castro, Rafael González Morales, Ramiro Ricardo Feria, Ricardo Salgado Arias, Yimer González, Teonila Maltas, Yuliet Aguilar Vázquez y Yuliet Fernández Lluch, entre otros.

Conociendo que habitan en un entorno donde «impera por tradición e idiosincrasia lo figurativo, descriptivo y contenidista»[5], como nos recuerda Mateo, muchos de estos artistas han tenido que lidiar con la adversidad para darse a conocer y mantener, lejos de modas y entusiasmos pueriles, su interés por la abstracción. El hecho de que Todos abstractos los haya hecho confluir en un mismo escenario, este espacio «abierto y expandido» que es la virtualidad, con nuevos «pactos de lectura y consumo», donde la condición digital difunde en múltiples direcciones el discurso de la exposición y es susceptible de propiciar nuevas experiencias basadas en las propias posibilidades de lo virtual, y que la selección resulte un muestrario abarcador de las miradas a esta expresión en el país, constituyen logros de una muestra que nos reafirma las agudezas de las múltiples miradas de los artistas que enarbolan el signo (y el sino) de lo abstracto.

 

 

[1] David Mateo: «Rigoberto Mena. La abstracción a contracorriente», La Gaceta de Cuba, noviembre/diciembre, 2004, p. 34.

[2] Ibíd., pp. 34–35

[3] Ibíd., p. 34

[4] Lianet Hernández: «Pedro de Oraá. Un maestro de la tendencia concreta dentro de la abstracción cubana». En https://artishockrevista.com/2017/01/10/pedro-de-oraá-un-maestro-de-la-tendencia-concreta-dentro-de-la-abstracción-cubana

[5] Mateo Loc. Cit.

 


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