Un acto posible de justicia cultural


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"Soñar despierto". Exposición colectiva por el 60 aniversario de la Escuela Nacional de Arte. Biblioteca Nacional de Cuba.

Por: Manuel López Oliva

Fotografías: Maité Fernández Barroso

 

Por fin, luego de un frustrado intento antecedente de realizar en el Museo habanero de Bellas Artes una muestra transitoria sobre esa realidad semiolvidada o mal interpretada, se pudo dejar inaugurada en la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí” la exposición vindicadora y simbólica que rememora aportes profesionales trascendentes de la desaparecida Escuela Nacional de Artes Plásticas, al cumplirse 60 años de su entonces acertada fundación.

Vistas de la exposición Soñar despierto.

Si bien se trata de un conjunto que por el espacio físico donde se montó, y por derivarse de una colección institucional que alberga obras de autores del país no en todos los casos elegidas con precisión, deja afuera a un grupo de artistas cuya génesis de oficio e imaginario estuvo en ese centro docente instaurado en el bucólico paraje del reparto Cubanacán; se debe reconocer que constituye un justo homenaje y un acto de justicia cultural a una institución devenida fuente de un nuevo tipo de enseñanza artística nacional renovadora, universalista y gestora de diversidades expresivas, que abrió fructíferos caminos de autenticidad y autoctonía, desde hace cierto tiempo en parte vulnerados.

José Omar Torres. Todo en ti fue naufragio, 2014. Acrílico sobre tela. 200 x 140 cm.

En lugar de ser una muestra promocional colectiva, como las numerosas que en nuestra geografía insular han suplantado al uso social de lo estético y a un inexistente mercado interno de adquisición que otorguen destino y utilidad al trabajo de un casi masivo movimiento de artistas, se trata de una puesta sorprendente ―ante la mirada contemporánea― de evidencias sobre un campo de la espiritualidad materializada, derivado en mosaico maravilloso de códigos distanciados del vacío formal producido como mercancía neutra y de lo que el Che llamó “formas congeladas del Realismo Socialista”. Ser prueba de una verdad, reencontrar a quienes estamos en el otoño de la existencia con la fase juvenil de formación y ensoñaciones, y proponernos el método de realizar necesarias reflexiones gremiales e institucionales para cambios, adelantos y recuperaciones sustanciales, es ya sobrado mérito de este suceso concebido por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas en coordinación con la dirección de la sede bibliotecaria mayor de la patria.

Julia Valdés. Sin título (5). De la serie Travesías, 2008. 134 x 134 cm.

Por no sentirme en condiciones adecuadas para un recorrido pormenorizado por tantas piezas de dos y tres dimensiones dispuestas allí en apretado modo expositivo, me fue imposible detectar ―entre tantos representados― a los faltantes; pero sí pude distinguir grosso modo una seria museografía donde lo múltiple de estilos y lenguajes visuales aparece como realmente se despliega en el suceder real: las emisiones individuales legítimas en concurrencia, interrelación, contraste y complejo equilibrio de ideologemas y propósitos propios.

Edel Bordón. El Tragante. Óleo sobre lienzo 122 x 76 cm.

De ahí que me resultara excelente el ajuste de tal avalancha de imágenes a un recinto que no posibilita mayor distancia entre obras y que, de hecho, produce un efecto de amalgama polisignificante a tono con “lo real maravilloso” del “reino de este mundo”, que es asimismo el nombre de la sala donde se despliega. De ahí que, en el silencio de tantos asistentes al sitio de exhibición, notara la alegría de sentirnos unidos los creadores de las artes plásticas, por encima de separaciones estimuladas por ajenos intereses, pragmatismos inadecuados o vivencias extra-artísticas. Y de ahí también el merecido aplauso que debimos entregarles al trío de profesionales curadoras capaces de solucionar una difícil ecuación de diseño expositivo. E igualmente el abrazo al estudiante del cuarto grupo inicial de esa Escuela (hoy profesional del dibujo, la poesía y el magisterio artístico) que redactó las sentidas palabras rememorativas del catálogo mínimo; a la vez que agradecerles a las entidades que hicieron posible la concreción de un sueño: ese de colocar frente a muchos tipos de público la riqueza de un proyecto fundacional ―el de crear una concepción integral de artista creativo, profesoral y cívico―, hecho fundamental de cultura prohijado por la Revolución épica y transformadora de los años sesenta.

Manuel López Oliva. Los ojos en el Foro, 2008. Acrílico sobre lienzo. 125 x 94 cm.

Soñar despierto, título escogido por los organizadores de la muestra, revela igualmente que una tan inmensa diversidad de visiones cubanas del arte requiere diferentes equipos curatoriales que la muestren como tesauro patrimonial (por lo que es vital que algunos órganos y organismos del Estado contribuyan con inmuebles para otros museos y colecciones públicas de igual rango); y asimismo nos impone dar paso a la construcción de enfoques historiográficos, sociológicos, de esencia y vestidura estética más completos y objetivos, en pos de una inclusiva y desalienada valoración de lo nuestro- artístico.


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