Unveiled


unveiled

Unveiled

Maybel Elena Martínez Rodríguez

Yahíma Marina Rodríguez Pupo

Fotos cortesía de las autoras

 

«Las casillas grises bostezaban de tedio,

esperando la figurita iluminada.»

Alejo Carpentier

 

 

El valor coleccionable de la fotografía ha servido a tantos propósitos como polisémica puede ser su mirada. En Cuba, durante las primeras décadas del siglo XX, renombradas marcas de cigarrillos entregaron como obsequio dentro del empaque postales con reproducciones fotográficas seriadas, emitiendo de conjunto álbumes que debían ser completados con ellas. Esta estrategia de promoción comenzó a implementarse como una herramienta clave para incrementar las ventas, atraer el interés de compradores potenciales y consolidar el dominio de los mercados más importantes del país.

Múltiples referencias señalan las firmas estadounidenses Goodwin & Co., Gypsy Queen, W.S. Kimball & Co., Buchner & Co., y Mayo & Co. como las primeras distribuidoras de cromos coleccionables a nivel mundial. Tal experiencia encontró en Cuba un terreno fértil, La Corona, Susini, Partagás, Trinidad y Hno., La Lealtad, Gener, Royal, El Cuño, La Legitimidad, Siboney, Billiken y La Moda, Aguilitas y Larrañaga editaron en su conjunto más de una treintena de álbumes. Abarcaron una amplia gama de motivos, entre los más frecuentes se encontraron los pasajes históricos, personajes del mundo, monumentos, geografía, deporte, cine y erotismo. En la actualidad hallamos ejemplares dispersos, en distintos grados de conservación, atesorados por coleccionistas privados e instituciones gubernamentales.

Las postales fueron encargadas a talleres cubanos, quienes reprodujeron litografías, ilustraciones, fotografías iluminadas o en blanco y negro. Sus dimensiones variaron de acuerdo a las necesidades y estrategias del productor-cliente, atendiendo a los métodos de distribución implementados: adjuntas al empaque o premios, en formato 4x6 y 8x10 centímetros. La información consignada en ellas resultó el factor de mayor envergadura por su carácter promocional. La identificación de la marca y el número de serie se estamparon como generalidad, ya fuera en el anverso o el reverso. A conveniencia de su fabricante coexistieron otros detalles como una explicación de las características del set, el eslogan distintivo de los productos y textos referenciales del asunto tratado.

En Cuba, Susini fue una de las pioneras de esta práctica al editar, a principios de siglo, una colección que aunaba gran diversidad de motivos. Al equipararla con otras fabricadas posteriormente denotamos la ausencia de un criterio de selección y orden interno de cada temática. Un mismo ejemplar contuvo mandatarios, uniformes militares, trajes típicos, damiselas, escudos, frases de amor y lenguaje de las flores, sin una aparente relación entre sí. Durante los años veinte se fueron sumando productores a tan exitosa fórmula, ensanchando y depurando los contenidos. Las colecciones comenzaron a concentrarse en torno a un eje temático único. La caracterización de los más recónditos países del mundo sería un asunto típico del período, recogido bajo la denominación «Alrededor del mundo» o «Álbum Geográfico Universal». La Corona, Susini y Partagás, facturaron los compendios más conocidos.

El ejemplar distribuido por Susini concentra las principales particularidades que definen los álbumes geográficos en la etapa. Sus páginas guiaron al espectador por diferentes países a través de la fotografía de soberanos, banderas, escudos, paisajes, tipos militares y civiles. Como apoyo del discurso visual se adjuntó a página completa una monografía de corte educativo con las características más apreciables de cada región. En sus palabras de presentación la compañía declara algunas de las especificidades relativas a su factura: «los asuntos representados en cada postal, son obra confeccionada por los más notables artistas de Europa, después de ser sus originales, fotografías rigurosamente auténticas que han representado a esta Compañía un enorme gasto de tiempo, trabajo, precio para poder presentarlo al público perfectamente acabado como se advierte de solo un ligero examen».[1]

Otras colecciones escogieron a Cuba como motivo central desde visiones documentales de la fisonomía de la Isla, acontecimientos revolucionarios y/o medio de socialización de su historia. Susini y La Corona emitieron postales de corte histórico agrupadas en álbumes titulados «Historia de Cuba». En estos ejemplares los intereses de la dominación neocolonial generaron una visión edulcorada de la historia patria. Los héroes de las guerras independentistas cubanas eran equiparados con los gobernadores y militares estadounidenses vinculados a la ocupación, estableciendo el surgimiento de la República como una tarea conjunta entre las fuerzas cubanas y estadounidenses.

El álbum «Cuba en 1925» de los cigarros Susini fue producido por la American Photo Studios, autodenominados «fotógrafos del gran mundo habanero». En él se reprodujeron fotografías de gobernantes, legisladores, autoridades provinciales y municipales, así como de los principales edificios, paseos, estatuas, hoteles, bancos, iglesias y colegios, ubicados en La Habana y otras ciudades. Esta colección resulta valiosa pues podemos apreciar rasgos socioculturales de la población cubana y contrastar la visualidad de obras arquitectónicas, muchas de ellas inexistentes en la contemporaneidad.

Por su parte los cigarros Royal, de la firma Villaamil, Santalla y Cía. Ltda., obsequiaron «Historia Gráfica de los Episodios Revolucionarios». Tres volúmenes de doscientas postales centraron su atención en el movimiento revolucionario gestado entre 1929 y 1933 contra el machadato. Las palabras de introducción esclarecen sus propósitos: «Hombres de cátedra, de armas, de trabajo, estudiantes, políticos, organizaciones secretas, elementos extranjeros que coadyuvaron al éxito feliz de la noble empresa; todo en fin lo que merece recordarse y no olvidarse jamás, como ejemplo vigoroso para las futuras generaciones. Los editores de estos álbumes estiman que hacen con la difusión de esas postales, una obra de inspiración patriótica».[2] Esta recopilación de imágenes resume la vocación por el fotorreportaje que venía ensayando la fotografía cubana en las publicaciones periódicas.

Otros temas en boga fueron las estrellas cinematográficas y el deporte. Trinidad y Hno. emitió un álbum de premio en formato 8x10 cm que reproducía fotogramas de filmes distribuidos por Santos y Artigas, socializados en las páginas de Cuba Cinematográfica. Los cigarros Aguilitas obsequiaron a sus clientes el álbum «Cuba Deportiva en 1928», en el que comparecieron equipos y atletas célebres de todos los clubes competitivos de la Isla. La multiplicidad de temas abordados respondió, sin dudas, a los nuevos hábitos y estilos de vida que se gestaban al interior de la sociedad cubana. La popularidad que alcanzó la comercialización de postales demandó cada vez mayor novedad y exclusividad, por lo que las firmas se vieron en la necesidad de ensanchar sus temáticas para mantener la efectividad de su estrategia promocional.

Trinidad y Hno. distribuyó varios álbumes que apelaron al erotismo como temática fundamental. La firma instituyó conexiones inseparables entre femineidad, erotismo, arte y cigarros en sus cromos. Su objetivo consistía en establecer equivalencias entre lo apetecible de las modelos y la calidad y distinción de los cigarros. Su función resultó esencial: volver la imagen motivo coleccionable, resultar atrayente al público consumidor y convertir el retrato en anuncio publicitario en sí mismo.

En un primer momento circularían reproducciones de fotografías foráneas, principalmente de origen francés. Este grupo concentra la mayor fuerza erótica de toda la colección. Desde París, tierra del libertinaje y de lo erótico por excelencia, se expidieron al mundo todo tipo de imágenes libidinosas. Estos desnudos catalogados de indecentes, cruzaron mares y océanos, «(…) la fotografía erótica se convirtió en el contrabando más socorrido de la era moderna».[3]

En las estampas de Trinidad y Hno. pueden hallarse convergencias interesantes con colecciones privadas de todas partes del mundo. Resulta significativa su analogía con relevantes compilaciones en México y Chile. La distribución de cromos franceses, similares o idénticos, en heterogéneos puntos de la geografía americana, ratifica su expansión por todo el continente y las certifica como evidencia del gusto de un período.

Para los fotógrafos franceses la producción de imágenes eróticas podía ser un negocio lucrativo, pero peligroso, pues el desnudo integral en este medio fue prohibido en Francia desde 1908, convirtiéndose, en poco tiempo, en una actividad penada con encarcelamiento. La identidad de varios de ellos ha quedado borrada en el tiempo porque se vieron obligados a actuar desde el anonimato. Usaron firmas falsas, seudónimos o consignaron sus iniciales para no ser reconocidos y evitar posibles problemas legales. Dentro del repertorio de la empresa cubana comparecen rúbricas que hoy captan nuestra atención: NP, J.A, AN PARÍS, NOYER, SOL, SAPI, PC PARIS, WALERY, LEO, B.M.V y J. MANDEL, entidades que a grandes rasgos confluyeron en un mismo estilo e intencionalidad de índole comercial.

El conjunto de imágenes que contiene la inscripción Leo responden a un seudónimo o firma falsa que protegió al fotógrafo de los escollos legislativos. Las marcas AN PARIS y NOYER fueron acuñadas por un reputado estudio parisino que bajo la tutela de Alfred Noyer operó entre 1910 y 1940. Bajo su rúbrica fue amparada la labor individual de artistas dedicados a la proyección comercial del cuerpo. Las fotografías facturadas en el estudio Noyer fueron deudoras en el plano compositivo de las artes plásticas y el retrato pictórico. Julián Mandel (J. MANDEL), contrariamente a otros autores, consignaba su firma completa en los desnudos. Este autor destaca entre los pioneros de las postales eróticas, uno de los más celebrados de las décadas del veinte y el treinta.

La inscripción PC PARIS es la más frecuente dentro de las tarjetas difundidas por Trinidad, sumando más de dos centenares. Asumimos que en ellas se vieron involucrados varios autores que evadieron la declaración de su identidad, pues son evidentes variaciones en cuanto al tratamiento de la imagen. Las postales acuñadas por PC PARIS se caracterizaron por escenografías elaboradas y la profusión de accesorios y vestuarios.

Luego de la distribución de centenares de postales francesas, Trinidad y Hno. emite fotografías de prominentes estudios cubanos: Segovia, Gumá, Buendía, Hernández, Blez y Rembrandt. La firma de estos autores y la referencia de la modelo-artista fueron incorporadas en la misma fotografía para aprovechar su fama a favor del consumo del producto. Los estudios fotográficos eran voceros de la actualidad artística del país y las figuras más relevantes que actuaban en los escenarios. Aprovechando esta condicionante, la empresa cigarrera sumaba a su colección un terreno de amplia notoriedad: el ámbito cultural.

Las celebridades reconocibles dentro del compendio Trinidad sobrepasan la centena. Hoy resulta imposible calcular el número exacto de postales emitidas y la magnitud de su producción debido al estado de conservación y dispersión de estas piezas. Del contexto mexicano sobresalen las vedettes Celia Montalván, Lupe Rivas Cacho, Esperanza Iris, María Conesa y Elisa Altamirano. Esta última protagonizó, según Eduardo Robreño, la zarzuela Cecilia Valdés de Gonzalo Roig durante su estreno en el Teatro Martí. Del panorama escénico español se reconoce a Amparo Miguel Ángel, Elia Granados, María Caballé, Pilar Aznar, Tina de Jarque, Paquita Escribano y Teresita Zazá. Tina, la llamada «Venus Morena», una de las vedettes españolas más misteriosas, controvertidas y liberales de su época.  Su muerte hoy constituye todo un enigma, desapareció sin dejar rastros y se esparcieron rumores de un posible fusilamiento o su huida a Francia durante la Guerra Civil española, aunque ninguna de estas teorías ha sido demostrada. De origen ruso es incluida la bailarina Norka Rouskaya, protagonista de un escándalo al danzar en la noche entre las tumbas al son de La danza fúnebre de Chopin, en el Cementerio General de Lima. Del legendario teatro Alhambra incorporó estampas de Amalia Sorg y Luz Gil, próximas a nuestros días por la pervivencia de materiales audiovisuales que relatan sus experiencias en el ilustre coliseo. El documental Cuentos del Alhambra de Manuel Octavio Gómez, la novela testimonial Canción de Rachel de Miguel Barnet y la película La Bella del Alhambra del cineasta Enrique Pineda Barnet inmortalizaron su historia y trascendencia en el escenario capitalino.

Numerosas fueron las compañías teatrales incluidas en el compendio. Destacan Velasco, Julián Santacruz, Vilches, Bataclán, Casino de París, Castro Padilla entre otras. El Bataclán de París, es quizás una de las reconocidas, causó sensación en el contexto teatral cubano y latinoamericano porque sus protagonistas actuaban semidesnudas, llegando en ocasiones al desnudo íntegro. La gira de este elenco por varios países americanos conmocionó el género de revistas, desencadenando una era «bataclánic»a en cada latitud por la que transitó.        

La inclusión del universo cinematográfico resultó imprescindible dado su progresivo impacto y popularidad. El compendio de postales cigarreras presenta a figuras como Blanquita Stivers, Dolores del Río, Elena Martínez, Sally Phipps y PolaNegri, íconos del celuloide. La cubana Blanquita Stivers interpretó los filmes Amor y arena de Richard Harlan y Casi Varón a cargo de Ramón Peón, obras conocidas exclusivamente por referencias dada la desaparición de las cintas originales. La imagen de Pola Negri fue, quizá,s una de las más mediatizadas de la Paramount Pictures. Respecto a su vida personal mucho se comentó sobre sus amoríos con Rodolfo Valentino y Charles Chaplin, igualmente existieron rumores de que fue cortejada por el dictador Adolf Hitler.

Estos nombres, al igual que muchos otros declarados en la colección Trinidad, desde la perspectiva contemporánea nos resultan distantes y perecederos, aunque lo cierto es que marcaron pautas en su actualidad cultural, al punto de ser su imagen un significativo gancho para la promoción de ventas.

Las postales emitidas por las empresas cigarreras cubanas a partir de la segunda década del siglo XX nos permiten corroborar la eficacia de la fotografía como estrategia de promoción de ventas. Este recurso alcanzó gran popularidad en la época por su carácter lúdico y en ocasiones didáctico. La gran variedad de temáticas distribuidas testimonia los principales intereses de los consumidores y la gestión de las empresas para afianzar sus productos en el mercado. Estas colecciones hoy resultan notables por su valor documental como testigo de la memoria cultural y social del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]Texto de presentación del álbum Alrededor del mundo, Cigarros Susini, Henry Clay y Bock & Co. LTD. Consultado en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

[2]Texto de presentación del álbum Historia Gráfica de los Episodios Revolucionarios, Cigarros Royal, Villaamil, Santalla y Cía. Ltda. Consultado en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

[3]Michael Koetzle y UweScheid: Frivolidades Parisinas. La Fotografía Erótica hacia 1920. Benedikt Taschen, Oldenburg, 1994, p.10.


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