Juan Padrón se cuenta entre esos raros, escasos creadores cuya obra es indispensable a la hora de recorrer varias décadas de cultura cubana. Si se quiere entender la historia de la Isla, o las construcciones mentales del inconsciente colectivo acerca de cómo fuimos, somos y seremos, es obligatorio el acercamiento a Elpidio Valdés y Vampiros en La Habana. No solo en el dibujo animado del ICAIC, sino en el mundo de la historieta (en la revista Mella, en el suplemento humorístico de Juventud Rebelde), Juan Padrón ha marcado a varias generaciones de cubanos con historias y personajes donde se privilegia el humor, la cubanía, el colorido, la gracia criolla.

 Juan Padrón se cuenta entre esos raros, escasos creadores cuya obra es indispensable a la hora
de recorrer varias décadas de cultura cubana. Foto: Internet

 

En buena parte, se debe al propio Juan Padrón el hecho de que pueda hablarse de una escuela cubana del dibujo animado. Dice Juan: “Tiene características que la distinguen entre las otras en cuanto al color, el ritmo y la banda sonora, tiene efectos de ambientes. Al principio veíamos el dibujo animado como didáctica. Con el tiempo, nos fuimos desprendiendo de ese lastre que nos obligaba a tener siempre que explicar algo, y se comenzaron a hacer cosas diversas. En el caso de Elpidio Valdés, el objetivo era, de forma humorística, contar la guerra de independencia, con una enseñanza detrás”.

Es curioso comprobar que Elpidio Valdés, con todo y su enorme popularidad actual fuera y dentro de Cuba, vino al mundo como personaje secundario en la historieta de samurais “Kashibashi”. Además, la historia del valiente y simpático mambí implicó para su creador decenas de horas investigando en archivos sobre las guerras de independencia, el vestuario de la época, los tiempos y espacios del siglo XIX cubano.

Padrón reconoce la influencia, en sus inicios, de varios dibujantes españoles de los años cincuenta: Peñarroya, Vázquez, Conti, y de un excelente animador y dibujante catalán que vivía en La Habana, que lo tomó de discípulo, Juan José López, autor de Superlópez. También lo influyeron Ketcham, el de Daniel el Travieso.

En 1974, nace el primer animado de Elpidio Valdés, el célebre insurrecto, con casi siete minutos, titulado Una aventura de Elpidio Valdés. A ese le siguieron varios cortos, hasta 1979, cuando se realiza el largometraje Elpidio Valdés, con 70 minutos. En 1983, se estrena otro largo, Elpidio Valdés contra dólar y cañón, y dos años después Vampiros en La Habana, considerado internacionalmente un filme de culto. Sobre esta película, Padrón ha dicho: “Cuando la terminé y la vieron los ‘expertos’, dijeron que no era lo que esperaban de mí, que era muy vernácula, confusa y ruidosa; no se hizo rueda de prensa para anunciarla, ni estreno. En una revista salió una crítica que trataba muy mal a la película... Estuve unos días muy deprimido, hasta que rompió el récord de taquilla (de aquella época) en una semana y la gente la comentaba entusiasmada. Me he sentido como Spielberg cuando en Valparaíso me recibieron cientos de estudiantes amantes de la película, o en Puerto Rico, donde se la sabían de memoria, en fin... Es algo muy agradable y estimulante”.

Por su extraordinario aval artístico, Juan Padrón es de los indispensables siempre que se hable de dibujos
animados en español. Foto: Internet

 

En 1985, en la capital cubana, se inició su colaboración con Quino, el historietista argentino de fama mundial. En 1986 apareció el primer Quinoscopio, y le siguieron otros 51 animados a partir de dibujos de Quino. Mafalda, también en movimiento, vio la luz en 1993.

Padrón ha recibido las máximas condecoraciones que se otorgan en Cuba a sus mejores artistas: la orden Félix Varela de primer grado, la medalla Alejo Carpentier, el premio El Diablo Cojuelo, ocho Premios Coral en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, entre muchos otros, y casi todos sus animados han sido destacados por la crítica.

Por su extraordinario aval artístico, Juan Padrón es de los indispensables siempre que se hable de dibujos animados en español. Para sortear la proverbial modestia, parquedad y poca ambición de protagonismo que lo caracterizan, decidimos comunicarnos vía correo electrónico, y enviarle un buen cuestionario. Pudo más su espíritu de colaboración que su poca afinidad con las entrevistas. He aquí el resultado:

¿Cuáles son las características principales, y también las dificultades, que tiene el proceso de trasladar una historieta a dibujo animado? ¿En qué caso ha quedado más satisfecho con esta transformación/animación?

Aunque la historieta es lo que más se parece al dibujo animado (porque se enfrentan los mismos problemas: encuadres, diseños, caracterización, iluminación, diálogos, etc.), es un lenguaje distinto. La historieta avanza en elipsis constantes, una selección de momentos (cuadros) cuya continuidad el lector “fabrica” en su mente. En el animado, se trata de contar la historia en imágenes, en cine puro, ya que no se registra el movimiento, sino que se crean absolutamente todos los elementos que verás en pantalla.

Debe haber hablado muchas veces sobre ello, pero es necesario volver a repetirlo. ¿Cuáles son las principales peculiaridades de la escuela cubana de dibujos animados? Dentro de esta escuela, ¿qué distingue su obra personal?

En buena parte, se debe al propio Juan Padrón el hecho de que pueda hablarse de una escuela cubana del dibujo animado.  Ilustración: Brady
 

Según los realizadores extranjeros, con solo oír el sonido saben que se proyecta un animado cubano. Creo que es la característica principal que nos distingue: un sonido muy trabajado y una buena música compuesta especialmente para cada obra. (Recordar, en contraste, las películas animadas socialistas que veíamos. Tenían a veces como sonido solamente un piano y algunos golpecitos de efectos sonoros). También poseen un ritmo mucho más rápido, y un colorido exagerado a veces. Dentro de eso, creo que podría decir que yo editaba más “picado” que los demás, y que puse de moda las voces sin efectos (antes era normal distorsionarlas con un aparatito llamado ranger tone, y sonaban como si hablaras apretándote la nariz); y con Elpidio Valdés y Vampiros en La Habana, las bandas sonoras son bien realistas, contrastaban con las caricaturas y les daban una dimensión muy divertida.

¿De qué momentos o creadores internacionales se siente más cercano? ¿Cuál es su opinión sobre la Disney, los creadores de la Warner de los años 30 y 40, los animados de Europa oriental (Escuela de Zagreb, Polonia, los checos, etc.)?

Creía imitar a los realizadores de la Warner. Me encantaban las películas de Bob Clampett y Chuck Jones, y los otros locos de esos estudios. Disney es el no va más de la técnica y el rigor. Sus guiones son lo más cercano a la perfección. Una puesta en escena, animación, color, sonido… magistrales. A veces me cansan sus “manierismos”: repite fórmulas, expresiones, efectos… pero es como su estilo de siempre que, finalmente, parece que sus continuadores van cambiando. Los animados de la Warner en los años 30 y 40 me parecen geniales y divertidos. Crearon no realismo, sino credibilidad.

El cine de animación de los países socialistas —como todos los estudios— tenía una media bastante buena, y también pocas y selectas obras de alta calidad técnica y artística. En esos países surgieron figuras como Jiri Trnka, Bretislav Pojar, Karel Zeman, Popescu-Gopo, Donio Donev, Attila Vargas, y otros, que son clásicos del cine mundial. Los soviéticos tenían a Fiódor Jitrúk, Yuri Norstein y muchos otros genios que sacaron el animado soviético del estilo de cuento de abuelita ruso tradicional.

La que más me impresionó fue la vieja escuela de Zagreb, con sus pilares Dušan Vukotić y Bordo Dovnikovic. Digo la vieja, porque de aquello no queda nada. Ahora los estudios hacen las cosas más comerciales y mediocres del mundo. En general, todos los países utilizaron técnicas diversas; no sólo el dibujo animado, sino también las películas de muñecos, recortes, pizarra de alfileres, pintando bajo cámara, etc.

¿Y qué piensa del animado japonés?

Se han convertido en unos clichés que se me hacen insoportables. Lo mismo ves en una obra japonesa, coreana o tailandesa: usan los mismos efectos de sonido, los mismos ojos, los mismos peinados puntiagudos, las mismas expresiones, un asco. Cada vez dibujan menos (de 12 bajaron a 3 ó 4 dibujos por segundo) y cada vez se van más a la forma, porque no tienen nada interesante que contar. Sin embargo, cuando empezaron en los 60 eran una maravilla de inventiva y recursos expresivos con pocos recursos. Una animación perfecta para los diseños que hacían. Todos los estudiábamos, pues eran una alternativa a la “forma Disney” y usaban elementos o técnicas que podíamos obtener también aquí.

¿Cuáles son las principales dificultades de que el dibujo animado cubano se realice en computadora? ¿Cómo evalúa los resultados hasta ahora?

La computadora es una herramienta. Imagínate la diferencia entre hacer una escultura en piedra con un martillo neumático en vez de con un cincel y martillo. O escribir en una máquina eléctrica en lugar de con una pluma de ganso. El problema es la gente. Al principio, como los efectos visuales (luces, lluvia, nieve, reflejos, sombras, mover el foco del lente, etc.) eran muy fáciles de hacer y controlar, pues los jóvenes querían meterle de todo eso a las películas. Y a veces parecían catálogos de efectos más que animados. Se les iba la mano. Con el tiempo y la experiencia, la calidad de la imagen ha ido mejorando cada vez más; y los resultados ahora son los mejores.

Padronynegro. Pie:“Creo que es la característica principal que nos distingue: un sonido muy trabajado y una buena música compuesta especialmente para cada obra”. Foto: Internet

 

La actuación, el guión, la dirección de arte y la fotografía (encuadre sobre todo) son elementos que comparten el cine de ficción, algunos documentales y el dibujo animado, aunque a veces hayan sido subestimados en el mundo de la animación. Si los tuviera que colocar jerárquicamente, ¿cuál sería el ordenamiento?

El guión dibujado (storyboard) y la puesta en escena (encuadres, composición dentro del cuadro) son lo principal. Con esos elementos bien colocados y estudiados… lo demás sale solo.

Un creador de dibujos animados ¿piensa gráficamente, en imágenes?; ¿cuál ha sido la obra o personaje que le costó más trabajo “parir”, y por qué?

Parece que, como yo los “cocino” durante meses, antes de trabajarlos por primera vez, no me cuesta mucho “parir” los personajes. Y hasta me imagino cómo hablan… Nunca he tenido problemas en eso.

Las tres características insoslayables en un dibujo animado para que sea una obra de arte, o más bien un producto altamente profesional y comunicativo…

Las mismas que harían que una película en vivo fuera buena.

Por Joel del Río