De apócrifos y de arte


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Adentrémonos en una de las temáticas que quizás sea poco difundida desde las artes en Cuba y obtendremos entonces la mirada que vislumbra la falsificación de piezas artísticas, como un peligro que supone la suplantación de identidad, la violación de los derechos a la propiedad intelectual y el derecho de autor. Aunque para algunos resulte tentador de hacer, pues la falsificación de obras de arte es un negocio fructífero en el que esculturas, pinturas y otras piezas se ven copiadas y vendidas como originales. Esta es una problemática que afecta a artistas, anticuarios, coleccionistas, casas de subastas, museos, entre otras instituciones. Por ello y a propósito del Día Mundial contra la Falsificación y la Piratería, la mirada, el coloquio y los saberes de una de las personalidades especializada en estos temas, Luis Manuel Almeida Luis, Jefe de Departamento del Registro e Inventario Nacional de Bienes Culturales, profesor de Valoración y Tasación de Obras de Arte.

¿Qué se entiende como una falsificación de obras de arte y cuáles son sus marcos legales?

“Una de las definiciones de falsificación podría ser el intento de engañar, por lo general con vistas a obtener beneficios económicos, presentando un objeto artístico como algo distinto de lo que en verdad es. Otra tesis más precisa en el orden legal, define a las piezas creadas con el artificio e intención de inducir error, y hacerla pasar como creación de una mano diferente.

Una copia no es precisamente una falsificación, así como una atribución errónea tampoco lo constituye. En ocasiones hasta los museos “atesoran” falsificaciones producto del poco estudio e investigación sobre esas obras.

En cuanto al marco legal, la primera dificultad que encontramos a modo general, es que no existen normas relacionadas con este tema. Los límites son siempre vagos y no pueden determinarse jamás de un modo exacto, salvo si se trata de meras imitaciones o realizaciones con una base artesanal.”

Contextualícenos entonces un poco, sobre la falsificación de obras de arte a nivel internacional y lo que ocurre en Cuba.

 

Falsificación de Wifredo Lam. Foto: Cortesía del entrevistado.

“Con el objetivo de dar a conocer los daños por suplantación, se instituyó el 8 de junio de 1988 el Día contra la Falsificación y la Piratería por el Grupo Mundial contra la Falsificación (CAGC, por sus siglas en inglés). El robo a la creación de artistas independientes, la reproducción de música en eventos privados, entre otros fenómenos, forman parte de la llamada economía de sombra, cuyo concepto hace referencia al cúmulo de servicios y bienes que no son detectables por las mediciones oficiales y afectan el Producto Interno Bruto (PIB) de cada país. Estos delitos que son cometidos contra la cultura y la creatividad, hacen mucho daño a nivel moral y económico, pues otorgan a obras falsas méritos artísticos que no poseen, incluso con el riesgo de conceder credibilidad y ubicación en la historia del arte.

La Convención de 1970, firmada en París sobre la importación y exportación de bienes culturales y el tráfico ilícito, señala las medidas que se deben adoptar en cada país para impedir este tipo de violación. Cuba es signataria de esta convención, en la cual Marta Arjona fue su relatora e instó a cada parte a tomar medidas sobre este flagelo. Si bien en Cuba el índice del tráfico de falsificaciones es relativamente bajo, no implica que se dejen de hacer acciones por parte de la policía, la aduana y el propio Consejo Nacional de Patrimonio Cultural en relación al detrimento económico, moral y de propiedad que genera y queda tipificado en el Código Penal vigente.”

Artículo 246.1. Se sanciona con privación de libertad de uno a tres de años o multas de trescientas a mil cuotas, o ambas al que, en perjuicio de su creador o del patrimonio cultural falsifique una obra de arte o la trafique.

246. 2. Si como consecuencia de los hechos previstos en el apartado anterior se causa un grave perjuicio, la sanción es de privación de libertad de dos a cinco años.

Falsificaciones de Amelia Peláez. Fotos: Cortesía del entrevistado.

                                                                            Documento Falso en el reverso de la obra.

¿Qué criterios se siguen para detectar que una pieza es falsa?

“En el campo del arte es sumamente difícil emplear criterios objetivos, por cuanto se trata de manifestaciones de índole subjetivas; la obra de arte es individual y la crítica también lo es.”

¿Cómo distinguir entonces entre un objeto original y una falsificación?

“El ojo y la mirada sensible del experto a las características peculiares de un artista rara vez se deja engañar.  En caso de dudas recurre a la ciencia y la documentación. Difícil resulta hacer una falsificación convincente a medias, es muy complicado imitar el estilo de otra persona y más aún, utilizar el mismo tipo de material que resista un análisis científico.

Es importante tener en cuenta que sólo se falsifican las obras valiosas de autores relevantes que circulan en el mercado del arte con altos precios. Piezas que son reconocidas por parte de los falsificadores y que les dejaría una buena ganancia si las introducen en el mercado. Se plantea que el 40% de las obras que circulan en el mercado mundial del arte son falsas y que sus autores en ocasiones burlan a los expertos siendo el móvil, el dinero.”

Falsificación de Antonia Eiriz. Foto: Cortesía del entrevistado.

¿Quiénes son los falsificadores?

Son pintores, artistas con talento que si firmaran las obras con su nombre no lograrían éxitos, entonces lo que hacen es imitar. ¡Son grandes estafadores! Ellos se basan en el crimen de confianza, donde hay una colaboración entre el criminal y la víctima para perpetrar el hecho. El impostor y el creyente trabajan juntos y juegan su papel. De un lado tenemos a un gran estafador y del otro, la potencial víctima que quiere comprar una obra a precios muy bajos. Usan incluso alias con identidades falsas y recurren a todos los trucos para ganar la confianza del cliente, en tanto la avaricia juega su rol a ambos lados.

Estos falsificadores encuentran en su labor múltiples tropiezos. El acceso a tratados antiguos de arte, lo que le impide que puedan revisar archivos; materiales y técnicas empleadas de la época; no disponen de los resultados de investigaciones y se les dificulta los soportes que procedan del período de confección de la pieza, tanto madera, metal, como tela; además de la desinformación sobre el dictamen de expertos, basados en la comparación con la obra original.”

                    Falsificación de Lolo Soldevilla.                                                    Falsificación de Servando Cabrera Moreno.

Fotos: Cortesía del entrevistado.

¿Cuáles son las técnicas para enfrentar el hacer de los falsificadores?

“La Forense aplicada al arte es una nueva técnica que permite a especialistas y conservadores tomar la delantera ante los falsificadores. También el uso de iluminación especial, la luz ultravioleta, infrarroja, rayos X y los estudios arqueométricos, pero los equipos que se utilizan son muy costosos; carbono 14, datación por termoluminiscencia y dendrocronología en el soporte madera mediante los anillos de los troncos de árboles. Además de la importancia de conocer las fechas de muchos de los pigmentos que utilizaron grandes artistas, hecho que es relevante para la datación de la obra, sin embargo, el mejor detector continúa siendo el ojo humano.”

Falsificación de José María Mijares.                                                 Falsificación de Victor Manuel.

Fotos: Cortesía del entrevistado.

¿Los 'métodos' más socorridos por los falsificadores? 

“Para lograr una atmósfera de 'antigüedad' recurren a una serie de trucos de envejecimiento artificial. Usan ampollas producidas artificialmente, marcas de autenticidad falsificadas, certificados falsos de los canales de distribución en galerías, subastas, ferias y museos, además de sellos de importación de colecciones.

Otra de las técnicas es el marouflage, en ella se emplea un soporte viejo de un cuadro auténtico (madera o lienzo) que se pega con el de la imitación que no es por supuesto de la misma época, usando colas sumamente resistentes y que no son fáciles de ablandar ni con fuertes disolventes. En este caso, el comprador examina sólo el soporte por detrás que es auténtico y cree que la pintura es de 'época'. Todo ello para

lograr un Falso histórico o artístico. El primero basado en la producción de un objeto igual al original, pero con la intención específica de engañar acerca de la época, el material, el autor, etc; mientras el segundo es introducido en el mercado y difundido, aunque no haya sido realizado con la intención de engañar como una obra de época.”

Falsificaciones de Portocarrero. Fotos: Cortesía del entrevistado.

¿Y con respecto a la firma?

“Este elemento es decisor para determinar la autenticación. La obra pude estar firmada, ser anónima, atribuida o también ilegible cuando se ha dañado o borrado la caligrafía del autor. Algunos de los modos operandis que utilizan los falsificadores son el cubrir o tapar la firma existente e imponer otra de un autor más relevante; borrar la firma originaria y pintar una capa de fondo y encima la imitada o cambiar el posicionamiento de la firma y fijar con barniz.

Es importante tener en cuenta que cuanto más próxima a nuestros tiempos se encuentran las obras de arte que examinamos, mayor será la atención y el rigor que debemos prestar a los detalles, en cuanto a cambios artísticos, estilos y habilidades. Puede que estemos en presencia de una falsificación. Por tanto, el arte contemporáneo es más difícil autenticar, pero más fácil de falsificar, sin embargo, el arte antiguo es todo lo contrario, ya que los falsificadores no disponen de los materiales de esa época.

Falsificaciones de Fabelo. Fotos: Cortesía del entrevistado

De vital atención para determinar la autenticación, es el análisis de la procedencia de la obra, donde las únicas personas autorizadas para valuar y autentificar las obras son el autor, los herederos legítimos, siempre que cumplan los parámetros ético-legal-moral y el experto en el artista. Ellos solamente pueden expedir opiniones de autenticidad de respecto del autor, características, origen, edad y condiciones de las obras de arte.

Si el artista vive, es una posibilidad para interrogarlo, sin embargo, se debe actuar con cierta reserva tanto a la respuesta afirmativa como negativa. Se han dado casos en que algunos pintores con el transcurso del tiempo cambiaron su estilo, y no quieren reconocer sus obras tempranas, por lo que niegan la paternidad sobre todo de esbozos y trabajos menores. Pudiendo ser que el momento de creación de esa obra está asociado a instantes tristes de su vida, por lo que prefiera olvidar.

Falsificaciones de Tomás Sánchez. Fotos: Cortesía del artista.

Falsificadores hay muchos, y han sido capaces de usar las nuevas tecnologías como la tercera dimensión para cometer estos delitos, la tarea nuestra es buscar nuevas formas para combatir el tráfico de falsificaciones, y acabar con este flagelo que inunda el mercado del arte.”

Falsificación de Pedro Pablo Oliva. Foto: Cortesía del entrevistado.


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