Después de un receso por el año nuevo regresamos con nuestras publicaciones del 120 aniversario de Wifredo Lam. Hoy "El Caribe y Cuba: el pulso definitivo de un artista".


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💗 Después de un receso por el año nuevo regresamos con nuestras publicaciones del 120 aniversario de Wifredo Lam. Hoy "El Caribe y Cuba: el pulso definitivo de un artista".

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http://www.wlam.cult.cu/cacwifredolam.html

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«[…] Y Wifredo Lam desembarcó en Cuba, tan aislado y lacónico como de costumbre. Se encerró en una casita de los suburbios marianenses […] Fue entonces la zambullida en el trópico, en la lujuria de lo vegetal, en la adivinación de un folklore desconocido y propio; un delirio de temas selváticos, de sugerencias ancestrales, de colores y de formas en amasijo naciente; antillanismo explosivo estallando como en un vértigo en un cuadro y otro y a veces en el mismo gran trozo de pintura. Nada menos que el encuentro de un gran artista con su pulso definitivo […]».

Tomado de Mirta Aguirre. «Wifredo Lam, hijo predilecto», Hoy, La Habana, 8 de mayo de 1945, p. 6.

«Y Wifredo Lam llegó a Cuba en 1941 preparado para nombrar las cosas de nuestro contorno.

Los años de Europa le dieron la conciencia del dulzor del azúcar. Dejó de ser azúcar para recordarla. Y los pintores como Picasso y El Bosco le demostraron que esos recuerdos se podían pintar. En las teorías del surrealismo encontró una justificación a las visiones caóticas del trópico: a los recuerdos en que se mezclaban los hombres con los vegetales y los animales. Y lo dibujó en Marsella, mientras esperaba el barco, en una docena de cuadernos inéditos. […] En la experiencia humana no todo es serio y trascendente. Especialmente tratándose de un pintor cubano. En la pintura de Lam también está el cubano retozón. Hay diablillos en sus cuadros que parecen burlarse del observador. Instintos juguetones convertidos en animales alados. En un momento de descomposición nacional, allá por el año 1954, Lam ilustró el caos nacional con un dibujo en que aparece un animal sin cabeza, símbolo de la desorientación y de la vida puramente material, sin horizontes. Al pie del dibujo escribió: “Kokodrilo, no; kakahuete, no; kakatúa, no. Animal de 4 patas, sí. No oye, no come, no ve. Que habla: kakamacho, kakaruta, rutakaka, machokaka.” Es la sangrienta burla cubana, incoherente y feroz».

Tomado de Edmundo Desnoes. Lam: azul y negro. La Habana, Cuadernos de la Casa de las Américas, s/n, 1963.

«En las artes antillanas de las últimas décadas, muchos creadores se han preocupado por captar, con diversos lenguajes plásticos, aquellos elementos que, en su multiplicidad, constituyen los rasgos esenciales de esta zona crucial de Nuestra América. Unida por historias semejantes –economía de plantación, esclavitud impuesta por las metrópolis europeas a millares de africanos–, sus manifestaciones culturales han acusado una marcada voluntad de reafirmar su identidad, basada en una comunidad de intereses; voluntad que se ha acrecentado con los distintos procesos de liberación nacional.

Resulta entonces interesante comprobar hasta qué punto uno de los pintores más universales de la pintura americana, el cubano Wifredo Lam, logró, a partir de la década de los cuarenta, encontrar formas visuales afincadas en la más profunda de las raíces caribeñas y cubanas, y que ocupan un lugar destacado en el sistema de comunicación visual contemporánea. Pocas veces se ha visto un vuelco tan significativo como el que ofrece la obra de este "guajiro de Sagua la Grande".

Marcado inicialmente por la Academia, continuará por esos cauces hasta el momento en que rompe la Guerra Civil de España –en la cual participa–; habrá entonces de iniciar ese viraje que lo conduce rápidamente a la creación de un mundo plástico expresivo de las más profundas esencias cubanas y, por extensión, caribeñas».

Tomado de Adelaida de Juan. «Sobre Lam de las Antillas». Cuadernos Americanos, México, vol. I, número 7, enero-febrero de 1988, p. 149.

«Bien conocido es Lam por sus revelaciones del mundo inusitado de todos los mestizajes posibles. Las obras que designan su proceder emblemático, y muy especialmente aquellas que produjo en Cuba después de su retorno al país natal, parafraseando el título del poemario de quien fuera su gran amigo, el martiniqués Aimé Césaire, a quien conoció durante aquella estadía prolongada en Martinica cuando desde Marsella venía de regreso a la isla, escapando de la avanzada nazi en Francia y la ocupación de París.

Era el año 1941, cuando comenzó el tiempo antillano de Wifredo Lam. Con las obras realizadas en Cuba, Lam inauguró una nueva trayectoria artística en la que los aportes de sus años europeos revelaban todas sus ganancias en términos del uso de los nuevos lenguajes, la apropiación del arte africano y muy especialmente de la máscara que transfiguró su arte durante finales de los años treinta e inicios de los cuarenta.

Es en esos años, y después de su llegada a Cuba, que Lam define su personalidad artística y su lenguaje simbólico. El artista llegaba a un país que él desconocía y que lo desconocía y en complejas condiciones personales: Álvaro Medina ha dicho que Lam huye de Francia porque para los ojos de los nazis invasores es un hombre de raza inferior al que habría que hacerle pagar por la osadía de estar casado con Helena Holzer, una alemana.

Después de 18 años de ausencia el que regresaba era un emigrado que debía reinsta-larse en el escenario artístico nacional. Y en medio de dificultades e incomprensiones, Lam armó el andamiaje visual de su universo original. Precisa Alain Jouffroy que “nunca se sobrestimará demasiado la función liberadora de ciertas rupturas en la vida de un hombre”. (Alain Jouffroy: Lam, Éditions George Fall, París, 1972, pp. 11-12.). Pero, ¿quién era el que llegaba y en qué condiciones volvía Wifredo Lam? Él mismo describió su viaje de regreso como infernal –señalo la palabra– por las condiciones de la huida […] “en el mar estábamos menos seguros que en la tierra. Todos mis miedos de niño se acrecentaron”.

Lam regresó a Cuba con la misma hoja que le sirvió de pasaporte cuando se marchó en 1923, por supuesto ya vencido, lo que permite intuir que nunca había vuelto sobre él y que probablemente regresar, no estuvo en su proyecto de vida. El que regresó es un hombre movido por las circunstancias de un cambio de dirección en su trayectoria con proa a la incertidumbre».

Tomado de Yolanda Wood. «Tiempo antillano:

otra mirada a la obra de Wifredo Lam». Ponencia. Coloquio Internacional Marcadores del tiempo en Las Antillas, Casa de las Américas, 2014. Caribe: universo visual. Ed. Félix Varela, La Habana 2017.

 


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