“…yo siento la nostalgia de mi infancia intranquila”.
Federico García Lorca
(Meditación bajo la lluvia)
 

Supe que Marcel Molina se encuentra enfrascado en un nuevo proyecto gracias a su muro de Facebook. Inmediatamente le llamé y pedí reunirnos para conversar sobre la propuesta. Quería preguntarle cómo la había concebido, de dónde le provino la idea, por qué había escogido, precisamente, ese juguete tan cubano que, desde niño, he asociado con la libertad y el divertimento, la inocente exaltación ante lo novedoso y el vertiginoso encanto del vuelo.

Marcel se cuenta entre los mejores grabadores que actualmente viven y trabajan en nuestro país. Durante 15 años ha desarrollado una sostenida, reconocida e interesante carrera con la xilografía como medio expresivo por excelencia. Nacido y criado en el cienfueguero central Mal Tiempo, el reordenamiento que sufriera la agroindustria azucarera en 2002 y el impacto provocado por dicho proceso en las vidas de centenares de cubanos constituye su tema predilecto, abordado mediante estremecedoras imágenes, de alto valor iconográfico y notable destreza técnica, que remiten constantemente a la preservación y pérdida de la identidad en espacios rurales.

Por estos días trabaja en la realización y prueba de varias matrices xilográficas que le permitirán imprimir más de cien grabados destinados a transformarse en papalotes que pretende empinar durante una experiencia estética de aires bienaleros. Estampas al viento: exposición al aire libre protagonizada por personas de todas las edades tributando a la infancia, siendo, precisamente, la niñez otro de los temas predilectos del artista, quien vuelve, una y otra vez, sobre su vida en Mal Tiempo, a sus más profundas raíces sociales y culturales.

“Para Molina (…) empinar un papalote representa una fiesta innombrable”.
 

Para Molina, como para casi todas las personas que vivimos nuestros primeros años en ambientes campestres, empinar un papalote representaba una fiesta innombrable. Y no solo empinarlo: la confección misma del juguete, que pasa por la recolección, limpieza y corte de los güines, la elaboración del armazón, la selección y recorte del papel, así como el resto de los pasos necesarios, implicaba, de por sí, motivo de felicidad, máxime cuando los papalotes eran elaborados por nuestras propias manos. Con su nuevo proyecto, el joven grabador propone un regreso a esa fiesta, a ese jolgorio, partiendo del identificable universo iconográfico, construido a golpe de buriles y tintas durante su devenir artístico, para reflexionar sobre complejas realidades económicas y sociales de la Cuba cotidiana.

“Y no solo empinarlo: la confección misma del juguete, que pasa por la recolección, limpieza y corte de los güines, la elaboración del armazón…”.
 

En un reciente encuentro efectuado en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, con motivo del 8 de marzo, varios de los especialistas presentes insistíamos en la necesidad de acercar la Bienal de La Habana a públicos jóvenes que usualmente no se adentran en museos ni espacios galerísticos. Dicho acercamiento debería producirse mediante experiencias estéticas lúdicas que ofrezcan una visión del arte más interactiva y divertida, independientemente de aquellas destinadas a ser exhibidas en espacios diseñados al efecto. El nuevo proyecto de Marcel pudiera catalogar entre esas experiencias. Por el momento, aguardemos a que las matrices estén listas para ser utilizadas, los pliegos de papel kraft absorban las imágenes y los juguetes sean ensamblados. Luego, si las condiciones epidemiológicas lo permiten, a seleccionar un día y un sitio apropiados, y a empuñar los carreteles de cordel. ¡Tengo el uno en la cola para empinar mi papalote!