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Revista Artecubano No.1 2010

SUMARIO

ARTÍCULO DE FONDO
La lógica de iguales derechos estéticos / The logic of equal aesthetic rights
Boris Groys

HOMENAJE
Muñoz Bachs: Evocaciones / Muñoz Bachs: Evocations
Ana María Muñoz Bachs

RUTA CRÍTICA
De la megalomanía ética a la bobería al Nullpunkt / From the ethical megalomania to the Nullpunkt
Elvia Rosa Castro

Breve cartografía para una producción sin mapas. Artes plásticas camagüeyanas contemporáneas / Brief Cartography for a Production without Maps. Contemporary Visual Arts in Camagüey
Teresa Bustillo

Bomba… y tiempo / Bomb… and Time
Nelson Herrera Ysla

PENSANDO ALTO
Estudios visuales e imaginación global / Visual Studies and Global Imagination
Susan Buck-Morss
(A cargo de Magaly Espinosa)

OTROS ESPACIOS
To be on the «spot». A la manera Raupa / To be on the «spot». In the Style of Raupa
Cristina Figueroa

Ernesto Benítez: el viaje, la luz y la verdad / Ernesto Benítez: The Journey, The Light and the Truth
Inti Atanasio Yanes

Recuento / Overview
Margarita González

María Elena Molinet: para el día de mañana / María Elena Molinet: In Days to Come
Cristina González Béquer

Los asépticos disturbios de Leal / Leal’s Aseptic Disturbances
Amalina Bomnin

 

LLAMADOS INTERIORES

La lógica de iguales derechos estéticos
Boris Groys

[…] ¿Tiene el arte un poder propio o solo es capaz de decorar los poderes externos –ya sean poderes de opresión o de liberación? He ahí por qué me parece que la relación de la autonomía del arte es la cuestión central en el contexto de una discusión sobre la relación entre arte y resistencia. Y mi respuesta a esta pregunta es: sí, podemos hablar de la autonomía del arte. Y, sí, el arte tiene un poder autónomo de resistencia.

De la megalomanía ética a la bobería al Nullpunkt
Elvia rosa Castro

[…] Aquel aliento utópico que deslumbró al circuito del arte en los ochenta, aquella megalomanía ética, fue desplazándose discretamente en estos años: no solo la utopía se desprendió de sus atuendos maximalistas y la reprimenda moralista, sino que se desplazó de su vocación emancipatoria de visos políticos para asentarse en lo instrumental de cariz cotidiano. […] Y esto cambia, por fuerza, los criterios de acercamiento a una creación que a ratos se y nos desorienta tanto o más que el contexto social e, incluso, un arte que en muchas ocasiones vota por el despropósito total, y ya tendremos que aprender nosotros a lidiar con tal desfachatada actitud.

To be on the «spot». A la manera Raupa
Cristina Figueroa

Raupa es un cartelista «correcto», heredero de la mejor escuela cubana y con un gran apego al cartel simbólico. Pero es sin duda en el campo de la animación digital donde ha logrado «colarse» con una estética renovadora y un fresco lenguaje visual. La realización de spots promocionales para eventos culturales y campañas de bien público le brindaron esa posibilidad.

María Elena Molinet: para el día de mañana
Cristina González Béquer

Ha estado María Elena involucrada en sustanciales eventos de fundación: los Talleres de Teatro que se crearon en el Teatro Nacional en los albores de la proyección cultural de la Revolución cubana; la Escuela Nacional de Arte, donde se formaron los primeros diseñadores de escenografía, vestuario y luces que darían inicio al relevo, y el Conjunto Folklórico Nacional, incentivo para adentrarse en la visualidad sincrética. También contribuyó al nacimiento de la extinta Escuela Nacional de Diseño […]

 

RESUMEN (HOMENAJE)

Muñoz Bachs: Evocaciones
Ana María Muñoz Bachs

Mi hermano tuvo dos fechas de nacimiento. La real: el 27 de marzo de 1937, en Valencia, calle Salvador Seguí no.41, por aquellos años terribles que escindían, destruían a España. La otra, que devino oficial, el 12 de abril. Por entonces nuestro padre, Eduardo Muñoz Nicart, se hallaba en el frente del Ebro, como capitán que fue del ejército republicano. Sólo pudo llegar aquel día abrileño para besar a su esposa, conocer a su primogénito e inscribirlo en el registro civil.

Todo lo referido a nuestros primeros y azarosos años nos llegó a través de la oralidad, a veces en relatos directos, otras, por lo que escuchábamos de nuestros mayores, y que como esponjas inconscientemente absorbíamos. Así, sin saberlo, mi hermano abandonó España junto con su madre –que casi tres años más tarde habría de ser también la mía– en un camión, ruta azarosa que mamá describe en una narración bella, desgarradora, humana. Tuvieron suerte. Otros pobres coterráneos, que les resultaban visibles desde el vehículo, iban a pie, cargando con lo poco que habían podido salvar.

Nuestro padre le escribió una carta a su mujer desde los Pirineos, donde, con parte del ejército republicano ya derrotado definitivamente, esperaba escapar a Francia. Papá se debatía ante una difícil decisión: si mamá y el niño debían quedarse en Barcelona –ciudad de donde ella era oriunda–, o reunirse los tres en París como refugiados políticos. Ella optó por lo segundo. La suerte estaba echada.

Eduardo y Maruja –nuestros padres– se conocieron cuando juntos estudiaron la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. (…) Mamá, María Bachs Fornés, nacida en Barcelona, era hija de un ingeniero industrial radicado en la capital española. (Una preciosa foto los recoge para siempre, sentados en el parque del Retiro, supongo que en alguna cita entre clases universitarias.) Corría el año 1931. La República era ya realidad, y esa circunstancia los unía aún más en ilusiones, en juvenil exaltación. Recuerdo cuánto me emocionó saber que más de una vez acudieron al café que frecuentaba don Antonio Machado, ese poeta enorme, siempre distraído, como ausente, pero que encontraba el tiempo para dedicarles atención a las preguntas estudiantiles.

Una vez graduados, ambos comenzaron a trabajar como catedráticos de Segunda Enseñanza. (…) Llegó el año 1935 y ellos se casaron. Cerca estaba el 36, cerca estaba la debacle esperada por los españoles y por el mundo todo.

Pese a todas las desgracias, las parejas seguían amándose. Pese a todo, nació Eduardo Agustín Muñoz Bachs. (…)

Mi hermano y yo nunca fuimos conscientes de cuántas vueltas dimos por el mundo. Nuestros padres se refugiaron en París, ayudados como tantos otros por los fondos que había podido salvar la derrotada República española. Recuerdo haber escuchado que, inminente ya la Segunda Guerra Mundial y el espanto fascista, los franceses eran provistos con unas máscaras antigás. El tenerla era muestra de nacionalidad, y los poseedores vendían o alquilaban el estuche vacío de aquel importante aditamento a los infelices que estaban sin papeles. Mi tío Manolo (…) no sabía bien el idioma francés, y un día fue detenido por un guardia. «Donnez moi votre papiers», le dijo el guardia, pese a llevar este colgado al cuello el vacío estuche… Y mi tío le dijo: «Je suis François», en lugar de «Je suis français». Respuesta del guardia: «Et moi Pierre, allez, allez.»

Creo que fue una suerte para nosotros, niños, no haber tenido conciencia de tantas vicisitudes, de tantos peligros. La familia exiliada se incrementó con mi nacimiento en París, fue a fines de 1939, y la amenaza era por entonces más que latente. En 1940, como todos sabemos, Hitler se disponía a ocupar Francia. Nuestra suerte habría sido la peor, y por eso nuestros padres lucharon por la huida.

Marsella, Marsella… Alcanzarla era la salvación. Llegamos a la Terminal de trenes, luego de un viaje largo y difícil, junto a familiares: tíos, primos, y algunos amigos entrañables. Aquello era la estampida, la histeria absoluta y desesperada, la locura… Había dos señalizaciones: ENTRÉE, SORTIE. La entrada, una quimera; la puerta de salida, libre: entonces papá decidió que todos nosotros atravesáramos por la salida, y así pudimos salvarnos del campo de concentración o quizás de la muerte.

Después el barco, o mejor dicho, la bodega del barco, tan aliviadora porque lo habíamos logrado. Hacinados, pero vivos, y con la esperanza de salir ilesos. Solo para estas precarias condiciones alcanzaban los escasos fondos de la malograda República. Mi madre me contó que en esa misma travesía viajaban el gran artista cubano Wifredo Lam y varios escritores surrealistas que también escaparon. Como su suerte era diferente a la nuestra iban en Primera Clase, y pudieron verlos de lejos en algunas ocasiones, cuando salíamos a tomar un poco el sol en la cubierta. Después ellos siguieron por una ruta diferente.

[…]

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